Cómo controlar el dolor

El dolor es un indicador natural de que algo está mal. El dolor físico o emocional continuo puede tener un impacto enorme en tu bienestar y tu capacidad para lidiar con el proceso de recuperación y tu vida cotidiana. La ansiedad y la tensión pueden empeorar el dolor físico. Es por ello que controlarlo es una parte importante en el proceso de recuperación, la curación a largo plazo o el manejo del dolor crónico. El dolor es sumamente individual y subjetivo, y solo tú sabes a la perfección cómo se siente. Si bien no existe una solución “mágica” para controlar el dolor con eficacia, puedes consultar con tu médico y probar una variedad de métodos para aliviar el dolor que funcione para tu propio dolor.

Tomar medicamentos para el dolor

  1. Habla con tu médico antes de tomar algún medicamento para el dolor. Tu médico está capacitado para saber qué medicamento podría funcionar mejor para tratar el dolor que sufres y también sabrá qué interacciones deben evitarse o controlarse. Asimismo, hay muchos medicamentos que pueden interferir con problemas de salud existentes, y también provocar interacciones y complicaciones graves en caso de que se consuman en conjunto con otros fármacos. Siempre consulta con tu médico antes de considerar la posibilidad de tomar un medicamento para el dolor.
    • Ten en cuenta que la mayoría de los medicamentos pueden tratar el dolor agudo. Por su parte, el dolor crónico es mucho más complejo y hasta la fecha no existe ningún medicamento que lo “cure”.
  2. Considera la posibilidad de tomar analgésicos de venta libre. Los productos de venta libre se dividen en dos grupos básicos: productos a base de paracetamol (acetaminofén) y AINE (antiinflamatorios no esteroideos). Si bien no hay problema con consumir una gran parte de ellos, solo debes hacerlo siguiendo las indicaciones del producto. Consulta con tu médico sobre los tipos de medicamentos a largo plazo.
    • Habla con un farmacéutico o con tu médico acerca del consumo de medicamentos de venta libre, sobre todo si ya tomas otros medicamentos o tienes una enfermedad preexistente. Incluso los analgésicos de venta libre pueden provocar complicaciones graves en las personas que tienen problemas de salud, tales como enfermedades cardiacas, presión arterial alta, enfermedad renal o hepática, o hemorragia interna.
    • Por ejemplo, en los Estados Unidos, el paracetamol se conoce como acetaminofén. Se trata de un medicamento que puede ayudar en el alivio de la fiebre, los dolores de cabeza y otros malestares corporales; sin embargo, no reduce la inflamación. Tiene menos efectos secundarios que otros medicamentos para el dolor y suele ser seguro para los niños.
    • Entre los AINE se encuentran la aspirina, el ibuprofeno y el naproxeno, los cuales sirven para aliviar el dolor y la fiebre, así como la inflamación e hinchazón producto de las lesiones leves. Por lo general, no es recomendable consumirlos por más de 10 días. Si se toman por una gran cantidad de tiempo para controlar el dolor crónico, pueden aumentar tu riesgo de sufrir un ataque cardiaco y derrame cerebral.
    • Algunos países permiten la adquisición legal de codeína de venta libre. En muchos países, incluyendo los Estados Unidos, los medicamentos que contienen este opiáceo suelen estar disponibles solo con receta médica.
    • Ten cuidado de no sufrir una sobredosis. Por ejemplo, una sobredosis de acetaminofén puede provocarte un daño hepático e incluso la muerte. Debido a que hay muchos medicamentos (desde pastillas para el dolor de cabeza hasta jarabe para la tos) que contienen este producto, puede ser fácil consumir una cantidad excesiva. Lee atentamente las etiquetas en los medicamentos de venta libre.
    • No consumas varios medicamentos para el dolor al mismo tiempo, pues podrían tener interacciones negativas y causar daño.
    • Los analgésicos tópicos, tales como las lociones, las cremas y los espráis, también están disponibles. Estos medicamentos pueden aliviar el dolor producto de la artritis o el dolor muscular.
    • Tal vez quieras optar por suplementos nutricionales, tales como la glucosamina, la cual puede aliviar el dolor en las articulaciones producto de la artritis.
  3. Consulta con tu médico acerca de los analgésicos con receta. Si los medicamentos de venta libre no controlan tu dolor de la manera adecuada, puedes consultar con tu médico acerca de los analgésicos con receta. Es importante que hables con él para que pueda recetarte un medicamento que tome en cuenta alguna condición preexistente, tu nivel de salud, el tipo de dolor que sientes así como otros factores. No intentes tomar estos medicamentos a menos que tu médico te los haya recetado específicamente.
    • Las recetas comunes para el dolor podrían incluir relajantes musculares, AINE en concentraciones que requieren receta médica o analgésicos opiáceos (p.ej. codeína, Percocet, Vicodin).
    • También podrías optar por las inyecciones para aliviar el dolor, tales como un anestésico local, una inyección de esteroides (antiinflamatorio) o una inyección de fenol (un bloqueador nervioso). Tu médico puede ayudarte a determinar si este tratamiento es el adecuado para ti.
    • Los antidepresivos son un tratamiento común y eficaz para el dolor crónico, incluso cuando no hay síntomas de depresión. También pueden servir en el tratamiento del dolor a causa de la artritis, la diabetes, el herpes, el dolor nervioso, la migraña, el dolor de espalda, etc.
  4. Solicita información acerca de la inyección en puntos gatillo. Si sufres un dolor muscular persistente, este tipo de inyección puede serte útil. En este tratamiento, el médico emplea una aguja pequeña para inyectar una sustancia en un punto gatillo (un nudo muscular que no se relaja). En ocasiones, esta sustancia es un anestésico o esteroide mientras que en otras es una solución salina.
    • Este tipo de tratamiento puede ayudar a controlar la fibromialgia y otros dolores musculares crónicos. Por lo general, se utiliza cuando otros tratamientos no surten efecto.
    • Es necesario que este procedimiento lo realice un médico capacitado. Nunca intentes realizarlo por tu cuenta.
  5. Toma un medicamento recetado. Es importante que tomes un medicamento que te hayan recetado para tratar el dolor. Suena sencillo pero en realidad muchas personas se olvidan o dejan de hacerlo a causa de una variedad de razones. En ocasiones, las personas pueden creer que el medicamento ya no surte efecto mientras que en otras dejan de hacerlo cuando comienzan a sentirse mejor, aun cuando no hayan completado el tratamiento. Si no tomas un medicamento según las indicaciones, puedes sufrir complicaciones e incluso otros problemas de salud.
    • Por ejemplo, supongamos que sientes dolor en el lado derecho de la espalda. Sin un medicamento para aliviar el dolor, favorecerás de manera inconsciente dicho lado. Como resultado, los demás músculos compensarán este favoritismo e incluso después de que tu espalda haya sanado, tu memoria muscula seguirá sobreexigiendo el lado derecho. Un desequilibrio en la fuerza muscular del tronco puede provocarte problemas lumbares haciendo que tu espalda vuelva al punto de partida e incluso peor que antes.

Emplear métodos alternativos para el alivio del dolor

  1. Realiza una investigación. No todos los tratamientos complementarios o “integrales” son eficaces. Existen muchos tratamientos que hacen grandes afirmaciones que las investigaciones científicas no avalan. Antes de someterte a algún tratamiento complementario, alternativo o “natural” para el dolor, realiza una investigación y consulta con tu médico.
    • El Centro Nacional para la Salud Complementaria e Integral, el cual es una división del Instituto Nacional de Salud, cuenta con un libro electrónico descargable acerca de lo que se debe considerar al pensar en los métodos complementarios para manejar el dolor.
    • Consulta con el organismo de certificación de la práctica que consideras realizar. Por ejemplo, asegúrate de que tu médico tenga la certificación necesaria y la capacitación adecuada en su campo.
    • “Natural” no necesariamente significa seguro. Siempre deberás consultar con tu médico antes de someterte a algún tratamiento complementario. En muchos casos, tu médico puede ayudarte a combinar la medicina tradicional con los métodos complementarios con la finalidad de obtener un mejor efecto.
    • Sospecha de cualquier tratamiento que se promocione como una “cura milagrosa” o que afirme tratar muchas condiciones a la vez, pues dichas afirmaciones casi siempre resultan fraudulentas.
  2. Considera la posibilidad de someterte a acupuntura. Esta práctica no es una “fórmula mágica”, pero varios estudios han demostrado que la acupuntura profesional puede ser eficaz para aliviar el dolor, sobre todo el lumbar. En esta práctica, se utiliza agujas muy delgadas cuya finalidad es estimular los puntos sensibles del cuerpo. Durante mucho tiempo, ha sido una parte de la medicina china tradicional y en la actualidad muchos médicos e investigadores la consideran una técnica viable para el alivio del dolor.
    • Es importante que consultes con tu médico acerca de los tratamientos alternativos, entre los que se encuentran la acupuntura. Todos tus médicos deben trabajar en conjunto para ayudarte a controlar el dolor.
    • No todos obtienen resultados beneficiosos con la acupuntura. Por lo general, sus efectos son visibles al cabo de algunas semanas. Si tu dolor no mejora después de unas cuantas semanas de someterte a la acupuntura, es posible que no fuencione.
    • Varios estudios han demostrado que la acupuntura puede aliviar el dolor lumbar. Sin embargo, suele ser más eficaz en combinación con otros tratamientos, tales como los analgésicos.
    • La Comisión Nacional de Certificación de Acupuntura y Medicina Oriental es el organismo certificador para los acupunturistas en los Estados Unidos. Cuenta con una base de datos de médicos que podría ayudarte a buscar a un profesional respetable.
  3. Considera la posibilidad de probar métodos de estimulación relacionados. La electroestimulación transcutánea (TENS, por sus siglas en inglés) y la estimulación de la columna dorsal pueden ayudar a aliviar el dolor. En este procedimiento, se utiliza una máquina pequeña que envía pequeños impulsos eléctricos para estimular los nervios que dan lugar a las sensaciones táctiles.
    • Cada método ha podido aliviar diferentes clases de dolor, aunque no todas. Por ejemplo, la estimulación de la columna dorsal parece funcionar mejor para tratar el daño nervioso en las piernas pero no surte mucho efecto con el dolor lumbar. Ninguna máquina es una cura, pero en ocasiones podría ser eficaz para aliviar el dolor en algunas personas.
  4. Prueba la terapia de masaje. Existen varios estudios que han revelado que un masaje regular realizado por un terapeuta especializado en masajes puede reducir el dolor y la discapacidad. Los masajes pueden aliviar el dolor con bastante rapidez, sobre todo el que se genera en la espalda y los hombros.
    • Habla con tu médico para que te derive con un profesional en masajes. Si tienes un dolor específico, como un dolor crónico en el cuello, probablemente tu médico te derive donde un especialista que pueda realizarte un masaje enfocado. Algunas aseguradoras cubren este tipo de masaje, pero no es el caso de todas. Sin embargo, se ha demostrado que todos los masajes realizados por profesionales pueden aliviar el dolor.
    • El masaje también puede ayudar en la reducción de tu dependencia a los analgésicos.
  5. Opta por la fisioterapia o la terapia ocupacional. Estos métodos pueden ser muy útiles en el tratamiento del dolor, sobre todo el relacionado con los músculos, los huesos o las articulaciones. También pueden ser útiles para el dolor en el cuello o la espalda.
    • Un terapeuta ocupacional podrá ayudarte a redirigir el dolor para que no interfiera tanto con tu vida cotidiana. Según tu experiencia, la terapia ocupacional podría emplear la visualización, el yoga, la meditación y los ejercicios suaves con la finalidad de aumentar tu resistencia, fuerza y capacidad para lidiar con el dolor.
    • La fisioterapia puede ayudarte a controlar el dolor al enseñarte ejercicios de fortalecimiento y flexibilidad, terapia manual, conciencia postural y la instrucción de la mecánica corporal, así como permitirte descubrir el origen de tu malestar.
  6. Considera la posibilidad de someterte a un ajuste quiropráctico. Los quiroprácticos son especialistas capacitados que pueden manipular el área de tu columna para mejorar el funcionamiento y la alineación de tu cuerpo. Es un tratamiento común para el dolor en la zona inferior de la espalda, en el cuello y de cabeza.
    • En ocasiones, este proceso se conoce como “manipulación de la columna”. Se ha demostrado su eficacia en el tratamiento del dolor leve a moderado.
    • Siempre recurre a un profesional licenciado y capacitado para que te realice este procedimiento. Sin embargo, no es recomendable en casos de dolor en los nervios o lesiones. Es mejor que consultes primero con tu médico antes de acudir donde un quiropráctico para asegurarte de que sea seguro en tu caso.
  7. Considera la posibilidad de someterte a la terapia cognitivo-conductual. Controlar el dolor mediante el consumo de medicamentos puede hacer que tu cuerpo se haga resistente a ellos, lo que ocasionará que necesites dosis cada vez más grandes para sentir algún alivio. En el caso de las personas que sufren un dolor crónico, esta terapia puede ser un tratamiento complementario de utilidad. La terapia cognitivo-conductual se enfoca en la manera en que reaccionas a las experiencias y solo puede realizarla un terapeuta o psicólogo capacitado.
    • Su función es enseñarte a identificar las formas negativas e inútiles de reaccionar al dolor y las reemplaza con respuestas útiles. Por ejemplo, muchos estudios han demostrado que rumiar sobre el dolor (pensar una y otra vez en lo mismo, como “Me duele tanto que no puedo soportarlo”) puede hacerte sentir un mayor dolor. La TCC te ayudará a desafiar dichos pensamientos negativos.
    • A diferencia de los medicamentos, no desarrollarás una resistencia a esta terapia y sus efectos secundarios son mínimos.
    • Se ha demostrado que esta terapia es eficaz en el tratamiento de muchos tipos de dolor crónico, entre los que se encuentran en dolor en la parte inferior de la espalda, dolores de cabeza, artritis y fibromialgia. También se la ha utilizado en el tratamiento del dolor producto del cáncer.
    • También puede ser una buena elección en el tratamiento del dolor crónico y recurrente en los niños y adolescentes. La técnica de la biorretroalimentación, la práctica de la relajación y la capacitación para padres pueden ayudar a los niños a manejar el dolor crónico sin los efectos secundarios más peligrosos que tienen los analgésicos.
  8. Opta por la técnica de la biorretroalimentación. Esta técnica conecta tu cuerpo con una serie de sensores eléctricos. Con la ayuda de un profesional capacitado, aprenderás a dirigir las respuestas de tu cuerpo a los estímulos. Por ejemplo, podrías aprender a relajar algunos músculos o a disminuir tu frecuencia cardiaca. Al aprender a reducir las respuestas de tu cuerpo ante el estrés podrás disminuir tu sensación de dolor sin sufrir los efectos secundarios indeseables de los medicamentos.
    • Existen varios tipos de profesionales capacitados para realizar la biorretroalimentación. Los fisioterapeutas pueden emplear esta técnica para ayudar a las personas a recuperar el movimiento después de haber sufrir una lesión o un trauma. Los psicólogos, los psiquiatras y los psicoterapeutas pueden emplearla para enseñarles a sus clientes a controlar sus reacciones al estrés y a disminuir la ansiedad y el dolor psicosomático o psicogénico (un dolor relacionado con factores psicológicos). Los dentistas, las enfermeras, los médicos generales y otros profesionales médicos también podrían someter a sus pacientes a esta técnica.
    • Se ha demostrado que la biorretroalimentación ayuda a tratar el dolor a causa del síndrome del intestino irritable, las migrañas, los dolores de cabeza por estrés, la enfermedad de Raynaud y el dolor lumbar.
    • Consulta con tu médico para determinar si la biorretroalimentación puede beneficiarte. La mayoría de los terapeutas en biorretroalimentación te pedirán que te sometas a un examen físico antes de someterte a esta técnica para asegurarse de que no tengas ningún problema de salud que requiera una intervención médica.
    • Puedes encontrar un directorio de los profesionales en biorretroalimentación a través de la Asociación de Psicofisiología Aplicada y Biofeedback (Association for Applied psychophysiology and Biofeedback).
  9. Considera la posibilidad de conseguir marihuana médica en un lugar donde su consumo sea legal. Algunas jurisdicciones han legalizado el consumo de la marihuana con fines médicos o incluso en general. La marihuana puede aliviar algunos tipos de dolor, sobre todo el dolor crónico en general. Por ello, es importante que consultes con tu médico antes de consumirla, de modo que conozcas sus beneficios y riesgos, y te asegures de conocer la situación legal en la zona donde vives. Algunas personas no deben consumir la marihuana, pues puede interferir con otras enfermedades preexistentes.
    • Se ha demostrado que la marihuana de uso médico es eficaz para el tratamiento del dolor neurálgico, como el que se produce a causa del VIH o de la esclerosis múltiple.
    • La marihuana es una sustancia natural, pero también tiene riesgos. Puede empeorar el asma o las alergias, así como provocar mareos, aumentar el riesgo de hemorragias o disminuir la presión arterial. Asimismo, la marihuana puede ser adictiva.
    • Las mujeres embarazadas o en etapa de lactancia no deben consumirla. Del mismo modo, los adolescentes que sufren un dolor crónico tampoco deben hacerlo, pues podría causar psicosis, un deterioro en las reacciones y una mala concentración.
  10. Considera la posibilidad de someterte a hipnosis. Necesitas que un terapeuta capacitado realice este procedimiento y estar dispuesto a ser hipnotizado. El uso de la hipnosis para aliviar el dolor funciona al introducir sugerencias que pueden despejar tu mente del dolor. No obstante, tiende a durar poco, de modo que no es la mejor solución a largo plazo. También suele ser costosa, así que no es para todos. Si te interesa esta posibilidad, consulta con tu médico para que te derive donde un profesional.
    • La hipnosis puede ser útil para el tratamiento del dolor crónico. Puede funcionar al alterar la manera en que tu mente reacciona ante el dolor.
  11. Practica la meditación. Esta práctica puede ayudarte a aliviar y minimizar el dolor. Existen varios tipos de meditación, pero uno que se recomienda con facilidad para el tratamiento del dolor es la meditación de la atención plena. Este tipo de meditación puede modificar la forma en que tu cerebro reacciona ante los estímulos.
    • También puedes probar la terapia trascendental, la cual consiste en la repetición de un mismo mantra.
    • Consulta con tu médico para determinar si hay algún profesional certificado en esta reducción del estrés basada en la atención plena (REBAP).

Tratar el dolor por medio de cambios menores

  1. Utiliza algo que te haga sentir mejor. Debido a que el dolor emocional y físico están muy vinculados, ponerte cómodo y utilizar técnicas tranquilizantes podría ayudarte a aliviarlo. Existen muchos estudios que han demostrado que un placebo suele ser tan eficaz como un tratamiento médico. Esto podría deberse a tus expectativas, pues si esperas que un tratamiento funcione, probablemente lo haga. Esta es la razón por la que la sopa de pollo puede ayudarte a sentirte mejor.
    • Piensa en las cosas que te hicieron sentir mejor cuando te enfermabas de niño. Existen algunos alimentos y bebidas que están relacionados con la comodidad, el amor y el alivio del dolor.
  2. Revisa la temperatura ambiental. Para algunos tipos de dolor, la sensación de demasiado calor o frío puede exacerbar la sensación de dolor. Al mantenerte caliente con la ayuda de una manta, un suéter, una botella de agua caliente o un baño caliente podría ser de utilidad en algunos casos. Por el contrario, si tienes demasiado calor, tomar una ducha fría, ir a nadar, sentarte frente a un ventilador, ponerte un paño húmedo en la frente, etc. podrían ser buenas formas de aliviar el dolor.
    • Una almohadilla eléctrica puede ser útil para tratar los dolores en el cuello, la espalda y aquellos relacionados con el estrés.
    • Puedes utilizar una bolsa de hielo para tratar los esguinces, los rasguños, los moretones y los cortes.
  3. Permanece en un lugar tranquilo y pacífico. Busca una habitación o área alejada del ajetreo de la vida cotidiana y simplemente siéntate o recuéstate durante un tiempo a solas. La relajación es una forma de reducir tu estrés, lo que puede agravar el dolor.
    • La Asociación Americana para el Dolor Crónico tiene un ejercicio de relajación que se compone de cinco minutos y que puede ayudarte a controlar el dolor, el cual puedes encontrar en este enlace: theacpa.org/Relaxation-Guide (en inglés).
  4. Vístete de manera cómoda. Si tu ropa aprieta o presiona un área dolorosa de tu cuerpo, no podrás relajarte y la presión aplicada puede aumentar el dolor. Busca prendas que no aprieten el área afectada, aun cuando signifique utilizar una talla mayor durante un tiempo. Si no tienes prendas cómodas, puedes adquirir algunas en tiendas de segunda mano, por lo que no es necesario que gastes demasiado a fin de lograr una gran comodidad.
  5. Emplea técnicas de respiración para controlar el dolor. Existen varias formas en las que la respiración puede controlar el dolor y mantenerte relajado. La respiración controlada (la que practican los yoguis y los atletas) puede ayudarte a aliviar el dolor. Por medio de ella, podrás relajarte y concentrarte, lo que a menudo facilita el manejo del dolor. Estas son algunas de las cosas que debes hacer:
    • Inhala desde el estómago llenándote gradualmente de aire hasta las clavículas. Luego exhala desde el estómago mientras repites el mismo proceso a la inversa. Asegúrate de que el tiempo que te tomas para exhalar sea mayor al que te tomas para inhalar. Inhala durante unos cuatro segundos y exhala durante unos seis o, de ser posible, ocho segundos. A medida que sigues respirando, alarga el tiempo de las inhalaciones y exhalaciones.
    • Inhala durante cuatro segundos y exhala durante seis. Luego mantén los pulmones vacíos y repite el procedimiento. Esto debe ayudarte a tranquilizarte y también te distraerá un poco del dolor.
  6. Utiliza la distracción como una forma de reducir el dolor. La distracción consiste en hacer algo más para despejar tu mente del dolor. Este es un método que suelen recomendar los profesionales médicos para controlar el dolor. Hay diferentes cosas que funcionan para una diversidad de personas, por lo que quizás necesites probar varias hasta que encuentres una que te permita tolerar el dolor continuo.
  7. Alivia el dolor inmediato por medio de la distracción. El dolor agudo insoportable requiere métodos de distracción rápidos. La distracción no eliminará el dolor, pero podría brindarte la fortaleza necesaria para lidiar con él hasta que disminuya. Crear un dolor o irritación de menor importancia puede ayudarte a distraer tu atención de un dolor más intenso. Algunas de las técnicas de distracción rápida son:
    • Acariciar, frotar o hacer vibrar la piel ubicada encima o alrededor del área adolorida
    • Masajear el área adolorida
    • Sostener un cubo de hielo en la mano o colocarlo sobre una parte de tu cuerpo a fin de proporcionar una descarga alterna de dolor que te permita distraerte del dolor real
    • Aplaudir con firmeza para redirigir la concentración hacia las manos o hacerlo con más fuerza para crear un dolor menor y temporal en la zona que te distraiga del dolor real
    • Sujetar algo como un palo, un juguete de peluche, el respaldar de una silla, etc.
    • Decir groserías para ayudar a reducir el dolor
  8. Juega un juego. Las investigaciones han demostrado que las distracciones activas (las que te exigen a hacer algo) son más eficaces que las pasivas (p.ej. la televisión) para controlar el dolor. Si tu dolor es insoportable, procura jugar un juego, armar un rompecabezas o hacer alguna otra actividad que te mantenga concentrado.
  9. Utiliza la imaginación para eliminar o combatir el dolor. Esto te ayudará a distraerte y despejar tu mente. La imaginación funciona particularmente bien en combinación con los analgésicos.
    • Imagina que el dolor es más pequeño. Por ejemplo, si tienes un dolor de cabeza, determina qué lado te duele más. ¿La parte frontal o posterior de dicho lado es la que duele más?, ¿es la parte superior o inferior del mismo?, etc. De esta manera, podrás minimizar el dolor al hacer que parezca más pequeño.
    • Imagina un lugar hermoso y relajante en tu mente, y luego imagina que el dolor es un objeto que puedes retirar de dicho lugar. Por ejemplo, el dolor podría ser una roca que lances hacia el océano.
  10. Escucha música. La música puede aliviar el estrés y la ansiedad, los cuales suelen hacen que nuestra experiencia del dolor físico empeore. Escucha música tranquila y relajante para controlar el dolor emocional y físico.
    • La música clásica y otros tipos de música que tengan un aproximado de 70 pulsaciones por minuto son la mejor forma de relajarte y aliviar el dolor. Evita escuchar música que sea demasiado rápida o motivadora, pues en realidad podría hacerte sentir más dolor.
    • Relájate en tu silla o lugar de descanso favorito. Asegúrate de sentirte lo más cómodo posible (según el tipo de dolor que sientas) y luego escucha música durante aproximadamente una media hora.
  11. Socializa. Busca a personas que se preocupen por ti y pasa un tiempo en su compañía. En ocasiones, el dolor se incrementa a causa de los sentimientos de soledad y exclusión. Los estudios han revelado que el dolor emocional y físico emplea las mismas vías del cerebro. Si tienes buenos amigos o familiares que te apoyan alrededor de quienes te sientas bien y con energía, puede ser una excelente forma de olvidarte del dolor y recuperar la sensación de estar conectado y cuidado.

Modificar tu estilo de vida

  1. Ten en cuenta tu lugar de trabajo, de estudio o las áreas donde te sientas en tu casa. La forma en que te sientas y el tiempo en que permaneces en esa postura puede ser una fuente de dolor importante. Si sientes un dolor en el cuello, la cabeza, los hombros, el torso, la parte superior o inferior de la espalda, en las piernas o los brazos, y permaneces sentado durante una gran cantidad de tiempo, determina si dicho dolor se produce o se incrementa a causa de ello y de la falta de movimiento frecuente.
    • Asegúrate de que las propiedades ergonómicas de tu escritorio y silla tengan la aprobación profesional y el ajuste de acuerdo con tu talla y estilo de trabajo. También asegúrate de que tu computadora se encuentre en el nivel adecuado para tu altura.
    • Toma descansos regulares cuando trabajes frente a una computadora, operes maquinaria, leas o realices alguna otra labor en la que tengas que sentarte y permanecer en una sola posición durante periodos prolongados. El cuerpo humano no está diseñado para estar inactivo, de modo que levantarse y desplazarse con regularidad puede brindarte el descanso necesario.
    • Si realizas algún tipo de actividad repetitiva, busca formas de modificar la forma en que te sientas, te paras o te desplazas. Si no lo haces, el dolor será el resultado inevitable y, en algunos casos, podría ser permanente.
    • Para algunas personas es útil utilizar un escritorio de pie o con una caminadora para asegurarse de mantenerse activas mientras trabajan con una computadora o dispositivo digital.
  2. Considera la posibilidad de bajar de peso para reducir el dolor. Si sufres de sobrepeso, los kilos adicionales aumentarán la carga que ejerces sobre tus articulaciones y provocar dolor por osteoartritis, así como inflamación. Modificar tu dieta e incluso realizar un ejercicio ligero (como caminar estando en una piscina o levantar pesas de 1 kg [2 lb])) te ayudará a reducir la tensión en tu cuerpo así como el dolor de manera significativa.
    • Si bien ejercitar un cuerpo adolorido puede parecer contraproducente, puede ayudar a reducir el dolor intenso a largo plazo. Comienza realizando ejercicios pequeños y sencillos, y aumenta tu fuerza de manera gradual. Habla con tu médico acerca de la mejor manera de empezar y de los tipos de ejercicios que serían adecuados para ti.
    • Evalúa tu dieta y asegúrate de comer una amplia variedad de alimentos equilibrados, saludables y con alto contenido de nutrientes. Habla con tu médico o con un nutricionista acerca de la forma de comenzar de manera correcta.
  3. Controla tus factores estresantes. ¿Qué cosas te estresan? Es importante hacerte esa pregunta e identificar lo que origina el estrés en tu vida. Una vez que tengas en claro los factores desencadenantes, puedes empezar a buscar formas de reducirlos o evitarlos por completo, lo que a su vez te ayudará a eliminar las factores que agravan el dolor. Entre los factores desencadenantes de estrés que pueden amplificar el dolor están la mala alimentación, el hábito de fumar, la falta de sueño, la falta de ejercicio, el entorno inapropiado, la procrastinación y la cercanía a personas “ tóxicas”.
    • Come alimentos que te proporcionen los mejores resultados nutricionales. SI bien el chocolate, los pasteles, las frituras, etc. son tentadores cuando te sientes mal, no te proporcionan nutrientes y reducen la capacidad de tu cuerpo para sanar. Opta por alimentos que sean muy nutritivos e incluso podrías dedicarte a investigar sobre alimentos que supuestamente ayuden a curar el cuerpo.
    • Descansa de manera adecuada. Estar cansado además de sentir dolor siempre aumentará este malestar. Tu cuerpo necesita dormir de manera regular y adecuada para que lleve a cabo sus procesos de restauración. Es cierto que puede ser un círculo vicioso el hecho de que el dolor imposibilita el sueño y, como resultado, este hace que el dolor aumente. Si este es tu caso, consulta con tu médico.
    • Ejercítate lo suficiente. El ejercicio, (p.ej. realizar una caminata larga y continua por el vecindario) es una forma ideal de aliviar el estrés y deshacerte de la ansiedad acumulada que pueda dificultar tu sueño.
    • Verifica tu entorno laboral o familiar. Un determinado entorno puede tener sus propios factores estresantes, dependiendo de tu sensibilidad. Por ejemplo, una gran cantidad de sueño, la falta de privacidad y un espacio atiborrado pueden ser fuentes de estrés en caso de que te enfrentes continuamente a ellos y te sea difícil lidiar con ellos. Considera la forma en que puedes reducir tu exposición a dichas formas de estrés, tales como al utilizar audífonos, ir a un lugar más tranquilo o salir al exterior con frecuencia.
    • Evita la procrastinación. Al terminar tus tareas, quehaceres, trabajo, etc. a tiempo, eliminarás una fuente de estrés.
    • Busca formas de evitar o eliminar otras fuentes de estrés en tu vida que puedan amplificar el dolor. ¿Detestas las horas pico?, reorganiza la hora a la que sales para evitarla. ¿Socializar te pone nervioso y te genera una migraña?, señala a una persona con la que valga la pena charlar, habla con ella y luego ve a caminar al exterior hasta la siguiente parte del evento. ¿Las reuniones familiares te llevan al punto de la desesperación?, sonríe mucho y solo di “No, gracias” o “Encantado de saberlo” en lugar de involucrarte en discusiones. Lo mejor es que te ahorres la exacerbación emocional que pueda agravar el dolor.

Realizar actividades físicas

  1. Descansa la parte lesionada o dañada. SI te has lastimado practicando algún deporte, actividad física u otras acciones, es importante que descanses el área lesionada para que pueda curar. Por ejemplo, si te lastimas una pierna, mantenerla en reposo hasta que tenga más fuerza puede ser importante para su curación. Sin embargo, no seas completamente inactivo, pues el movimiento suele ser una parte principal de la recuperación. Habla con tu médico para que te ayude a encontrar el equilibrio perfecto.
    • Recuerda que el dolor es una señal de advertencia. Si durante el proceso de recuperación el área lastimada te duele demasiado como para utilizarla, no la fuerces. El dolor es un indicador del proceso de sanación. Si necesitas hacer a un lado las señales de dolor en esa parte de tu cuerpo con la finalidad de recobrar la fuerza, utilízala bajo la supervisión de un profesional de la salud cualificado, como un fisioterapeuta.
  2. Determina el momento adecuado para realizar una actividad física. Si sufres una distención muscular, el mejor remedio suele ser el modelo “RICE” (siglas en inglés para las siguientes palabras: descanso, hielo, compresión y elevación). No obstante, si sufriste una caída sobre un suelo duro o si tu espalda está rígida, el ejercicio puede ser más beneficioso que el descanso en la mayoría de los casos. El ejercicio leve y de bajo impacto puede aliviar algunos tipos de dolor crónico.
    • Por lo general, el ejercicio que alivia la ansiedad también aliviará el dolor, pues la ansiedad puede aumentar tu percepción del mismo.
  3. Realiza estiramientos. En algunos casos, los estiramientos suaves pueden aliviar el dolor, como el sufrido en la espalda. Es recomendable consultar con un psicoterapeuta o un profesional similar que pueda recomendarte sobre los ejercicios que beneficiarán el área y aliviarán el dolor.
    • Ten en cuenta que realizar los ejercicios incorrectos, hacerlos de la manera equivocada o estirarte demasiado puede empeorar el dolor. También podría provocar un recrudecimiento de la lesión. Si no estás seguro de qué estiramientos son adecuados, no los realices hasta contar con los consejos adecuados.
    • El yoga y los ejercicios de Pilates suelen ser una forma suave para realizar estiramientos y aliviar el dolor. Siempre recurre a instructores cualificados y asegúrate de que tu médico o fisioterapeuta esté de acuerdo con que te ejercites.
  4. Considera la posibilidad de practicar yoga o tai chi. Existen varios estudios que han demostrado que estas actividades pueden aliviar el dolor. En parte puede deberse a un aumento en la fuerza y el desarrollo de la flexibilidad gracias a estos ejercicios. El énfasis en la atención plena y la meditación que se hace en estas prácticas también podría ayudarte a controlar el dolor.
    • El tai chi es un arte marcial suave que incluye la meditación y los movimientos fluidos. Hay muchos gimnasios y centros comunitarios que ofrecen clases de tai chi.
    • Si eres mujer y estás embarazada, tienes problemas con las articulaciones, fracturas o hernias, consulta con tu médico antes de comenzar a practicar alguna de estas actividades.

Aceptar el dolor continuo

  1. Concéntrate en tus esfuerzos por superar el dolor crónico o continuo. Esto se trata de un proceso o una travesía, por lo que probablemente haya algunos momentos, horas o días en los que el dolor te abrume mientras que en otros días sentirás un mayor control. Entender que probablemente tu problema sea continuo puede ayudarte a ser más tolerante con el dolor en general y te permitirá aprender a vivir con él.
    • En ocasiones puede ser difícil tener paciencia, pero el dolor suele enseñarnos a ser pacientes, sobre todo a aquellas personas que están acostumbradas a hacer todo con rapidez. El dolor ralentiza a las personas, por lo que es necesario tomarse las cosas con más calma durante el proceso de curación y recuperación. Por desgracia, esto no es congruente con el mundo acelerado en el que vivimos, lo que puede amplificar el dolor en caso de que finjas que puedes lidiar con él cuando no te es posible. Ten en cuenta que nunca dejaremos de estar ocupados, así que es necesario que te des el tiempo para recuperarte y renovar tu fuerza. Por lo general, retomar las actividades antes de curarte te provocará un mayor daño en lugar de hacerte merecedor una medalla.
  2. Escribe un diario. Escribir tus sentimientos y emociones puede ser catártico y revelador. No es necesario que compartas algo de lo que escribes con otra persona, así que puedes escribir cualquier cosa que necesites expresar. Volver a leer el diario puede revelar patrones sobre los momentos en que el dolor es peor que otras veces, lo que te permitirá determinar las acciones u omisiones que te ayuden a reducir el dolor.
    • Utiliza tu redacción para explorar tu forma de pensar. ¿Cuántos pensamientos negativos tienes?, ¿tu forma de pensar suele ser negativa o hay momentos en los que sueles tener pensamientos de ese tipo con gran intensidad? Si bien es importante dejar que tus pensamientos negativos salgan a relucir para que puedas experimentarlos, es igual de importante que los dejes ir una vez que hayas reconocido su presencia. Plasmarlos en papel puede ayudarte a controlarlos y luego liberarlos, lo que también te permitirá aliviar el dolor a medida que dejes de sentirte tan confundido o sumergido en negatividad.
  3. Sé amable contigo mismo. Es común escuchar que las personas hacen a un lado el dolor en un intento por “parecer fuertes”, “no ser cobardes” o “soportarlo”. El dolor es una experiencia muy personal y no hay forma de que una persona pueda asumir que el dolor de otra no es real, grave o debilitante. Si bien cada persona puede buscar y emplear métodos que alivien su dolor, la verdad es que una parte este no puede tratarse con facilidad mientras que otra no desaparecerá, sin importar lo que se haga. No te juzgues o permitas que los demás te juzguen.
    • Lee todo lo que puedas acerca del tipo de dolor que sientes. Aprende lo que los demás tienen que decir y lo que han hecho con respecto al tema. Adopta técnicas y soluciones que creas que funcionarán para ti y determina los resultados (desde luego, hazlo de manera segura y prudente).
    • Algunas personas pueden descartar el dolor como “algo mental”. A medida que los investigadores aprenden más acerca de la relación que hay entre tu mente y tu cuerpo, existen cada vez más pruebas que demuestran que el dolor “mental” no significa que no sea real.
    • Ten en cuenta que la depresión y la ansiedad van de la mano en las personas que sufren un dolor crónico. También es necesario tratarlas, así que asegúrate de buscar ayuda. Solicitar la ayuda de un terapeuta es una señal de fuerza y valentía, no de debilidad. Podrías descubrir que si puedes lidiar con estas condiciones, el dolor disminuirá de cierta forma a medida que tu percepción cambia. Encontrar esperanza en tu vida es una parte esencial en la recuperación del dolor.

Entender el dolor

  1. Determina el factor desencadenante del dolor en tu cuerpo. Para tratar el dolor de la mejor manera posible, es necesario tener una comprensión básica de lo que es dicho dolor y la manera en que se siente en tu cuerpo y mente. En resumen, el dolor indica que existe un peligro, angustia o daño, desencadenante una necesidad de proteger el área lastimada. El dolor también es una forma de fomentar la curación de un área dañada. Asimismo, el envío de señales de dolor durante el proceso de reparación le permite a tu cuerpo avisarte que necesitas tener más cuidado con el área en cuestión.
    • El dolor físico se manifiesta por medio de nociceptores (receptores de dolor) en todo tu cuerpo. Las señales pueden activarse mediante los cortes, los desgarros, la inflamación, la irritación, el calor u otros estímulos dolorosos. Estos receptores de dolor envían señales a través de los nervios mielinizados (enfundados) hacia un área de la médula espinal llamada asta dorsal, que “decide” si es necesario amortiguar o amplificar estas señales antes de enviarlas hacia el cerebro.
    • Los nociceptores (receptores de dolor) se encuentran en la mayoría de los tejidos del cuerpo y están en una mayor cantidad en las zonas sensibles.
    • El dolor se siente en el cerebro y es por ello que puede producirse el “dolor referido”, en el que una parte del cuerpo experimenta el dolor aun cuando sea otra la que está lesionada. El papel del cerebro también ayuda a explicar la razón por la que podrías sentir dolor aun después de que nuestras heridas hayan sanado. El cerebro puede seguir enviando señales “protectoras del dolor” sin que haya una causa clara.
    • Las señales del dolor provenientes de la cabeza y la cara van directamente hacia el tronco cerebral. Asimismo, podrían ir hacia el tálamo, el cual actuaría como una “estación de relevo” que envía una diversidad de señales sensoriales hacia diferentes áreas del cerebro.
  2. Distingue la diferencia entre el dolor agudo y el crónico. El dolor se presenta en dos formas: agudo y crónico. El primero es un dolor inmediato que se produce a causa de una lesión, enfermedad o daño. Por ejemplo, si te rompes el tobillo, el dolor producto de esa lesión será agudo. Su causa es inmediata y clara, y deberá desaparecer a medida que la lesión sana. Por su parte, el dolor crónico es continuo y profundo en una lesión o daño duradero. Se considera que el dolor es crónico cuando ha perdurado por más de tres a seis meses después del daño o cuando se prolonga más allá del proceso de curación regular que se espera para la lesión en cuestión. Por lo general, muchos profesionales médicos consideran este tipo de dolor como una enfermedad misma, como la diabetes o el asma.
    • Por lo general, el dolor crónico implica tanto aspectos psicológicos como fisiológicos. Las respuestas emocionales tales como la ansiedad, la ira y el miedo pueden aumentar el dolor crónico. Es por ello que el tratamiento puede ser complejo y difícil.
    • Tres tipos comunes de dolor crónico son el que se sufre en la parte inferior de la espalda, la cabeza (migraña) y en el cuello.
    • La fibromialgia es un diagnóstico común en las personas que sufren de dolor crónico o cansancio. Los científicos aún no saben cuáles son las causas de esta condición. Entre los posibles culpables están el trauma físico o emocional, las diversas respuestas cerebrales al dolor, los trastornos del sueño o las infecciones. Por lo general, la fibromialgia afecta a las mujeres que están entre las edades de 20 y 50 años.
  3. Determina la forma en que puedes manipular las respuestas al dolor de tu cuerpo. Existen varias teorías acerca de la manera en que tu cuerpo procesa las respuestas al dolor. Una teoría ampliamente influyente con respecto al dolor es la conocida como “Teoría de la compuerta del dolor”. Esta teoría se propuso por primera vez en la década de 1960 y sugiere que el dolor es similar a una puerta abierta que puede “cerrarse” con una entrada no dolorosa. Básicamente, tu cerebro se confunde debido a que recibe dos mensajes al mismo tiempo: “dolor = peligro” y “toque o vibración = inofensivo”. Esta confusión podría impedirle a tu cerebro procesar la mayor cantidad de respuesta ante el dolor.
    • Por ejemplo, si te das un martillazo en el dedo pulgar, tu primera respuesta podría ser chuparlo o agitarlo. De acuerdo con la Teoría de la compuerta del dolor, la falta de reacción ante el dolor podría suprimir la sensación dolorosa que proviene del sistema nervioso central.
    • El área gris periacueductal (PAG; por sus siglas en inglés) de tu cerebro también participa en la regulación del dolor. Esta área funciona por medio de un proceso conocido como Analgesia producida por estimulación (SPA, por sus siglas en inglés). La estimulación del PAG inhibe las neuronas en la columna vertebral, haciendo que modulen (es decir, reduzcan) tu dolor en ella antes de volver hacia el cerebro.
    • Los mensajes contradictorios pueden estimular o “activar” las células en el PAG. Cuando se liberan los opiáceos (conocidos como endorfinas), estas células estimuladas, las cuales tienen receptores para las endorfinas, los reciben y reducen tu dolor. Este proceso podría ayudarte a explicar la razón por la que la acupuntura puede ser eficaz en el tratamiento del dolor.
    • Algunos medicamentos (p.ej. la morfina) se combinan con los mismos receptores tales como las endorfinas (los analgésicos naturales del cuerpo).
  4. Ten en cuenta que tanto el dolor físico como el emocional son reales. Los “sentimientos heridos” son más que solo una expresión; son un hecho científico. Las investigaciones han revelado que el dolor emocional estimula las mismas áreas del cerebro como el dolor físico. No tengas vergüenza de sentir dolor emocional o físico. Debido a que el dolor es una experiencia personal y subjetiva, controlarlo o lidiar con él es demasiado. No permitas que nadie determine la manera en que “deberías” lidiar con tu dolor.
    • Por ejemplo, un estudio demostró que sentirse excluido de una actividad social activó el córtex del cíngulo anterior del cerebro en los participantes. Esta área también se activa durante el dolor físico.
    • Otro estudio reveló que una ruptura puede herir de manera activa. Cuando a los participantes se les mostró una fotografía de una expareja mientras pensaban en la ruptura, las mismas áreas de su cerebro y cuerpo (la corteza somatosensorial y la ínsula posterior dorsal) se activaron son las mismas que las del dolor físico.
    • La forma en que sientes y piensas con respecto al dolor puede tener un gran impacto en la manera en que sigues sintiéndolo. Tus pensamientos pueden aumentar o disminuir los mensajes que bloquean el dolor provenientes de tu cerebro. Mientras más ansioso, negativo o deprimido te sientas, mayor será el dolor que podrías sentir. Con ayuda psicológica como la de la terapia, podrás controlar el dolor físico y emocional.
  5. Identifica el origen del dolor. Para controlar el dolor de manera eficaz, es necesario que sepas qué lo causa. Si bien existe mucha información a tu alcance, esta también puede causarte una gran cantidad de preocupación o provocar un mal diagnóstico del dolor. Consulta con tu médico para obtener un diagnóstico y entendimiento adecuados acerca de la forma de tratar tu dolor. Existen varias categorías que pueden ayudarte a determinar lo que podría causar tu dolor:
    • Neuropático. Este tipo de dolor se produce a causa del daño al sistema nervioso. Este tipo de dolor suele causar síntomas como los siguientes:
      • Ardor u hormigueo
      • Entumecimiento a causa del dolor
      • Dolor punzante
    • Radicular. Este dolor se produce a causa de la compresión o irritación de los nervios en el cuello y la columna vertebral. Podrías sufrir dolores punzantes que se irradian hacia tu brazo o pierna.
    • Somático. Esto es lo que solemos asociar con “dolor”. Se produce cuando se estimulan los receptores de dolor en tu cuerpo, ya sea en la superficie o en los tejidos musculoesqueléticos.
    • Miofascial. El dolor miofascial es un subtipo de dolor somático que hace referencia específicamente a los músculos. Este dolor puede involucrar a un solo músculo o a un grupo muscular.
    • Visceral. Este dolor se relaciona con tus intestinos (vísceras), el corazón, los pulmones, la vejiga y otros órganos internos. Este tipo de dolor puede sentirse muy vago o difuminado, lo que significa que quizás no sepas dónde se origina, sino que solo te duele.
    • No es posible identificar todas las causas del dolor. Es importante que sigas hablando con tu médico, especialista o psicólogo acerca de lo que debes hacer cuando sigas sintiendo dolor sin una causa clara o una determinada solución adecuada. Sé igual de terco que el dolor para tratar de descubrir su origen.
  6. Aprende a describir el dolor. En la mayoría de los casos, los médicos se basarán en tu descripción del dolor para poder determinar un tipo de tratamiento. Además de los exámenes y las pruebas, es probable que tu médico hable contigo acerca de tu dolor. A esto se le conoce como realizar un “historial del dolor”. Mientras más específico seas, más fácil le será a tu médico controlar tu dolor.
    • Por ejemplo, los médicos podrían preguntar si tu dolor es agudo o leve, constante o intermitente, ardiente o intenso.
    • Otras cosas con respecto que debes considerar son:
      • Si el dolor se concentra en un área o se extiende
      • Si sientes que el dolor es más intenso
      • Las actividades o movimientos que hacen que el dolor empeore o mejore
      • La manera en que el dolor afecta a tus actividades y tu vida cotidiana
    • Existen muchos términos que pueden ayudarte a describir la forma en que sientes el dolor. Pensar en las palabras para describir tu dolor puede ayudarte a comunicarle a tu médico la forma en que te sientes. Entre las palabras descriptivas que podrías utilizar están las siguientes:
      • Agudo, punzante, terrible, lacerante
      • Constante, doloroso, fuerte, agotador
      • Palpitante, caliente, ardiente
      • Similar a un calambre, agobiante, sensible, irritante

Consejos

  • Puede serte útil tomar notas antes de acudir donde el médico, sobre todo si te sientes abrumado y tiendes a olvídate de las cosas.
  • Si consideras la posibilidad de someterte a una cirugía para aliviar el dolor, asegúrate de consultarlo a fondo con tu médico antes de tomar una decisión. Para que este procedimiento tenga éxito, es necesario que estés completamente seguro del origen del dolor. En algunos casos, la cirugía puede agravar el dolor o hacer que surjan las complicaciones.
  • Pídele a tu médico que te derive con un especialista en el control del dolor en caso de que no pueda tratarte por su cuenta.

Advertencias

  • Toma los medicamentos siguiendo las indicaciones. Por lo general, un medicamento será seguro si sigues las indicaciones con detenimiento. Podrías correr un riesgo si modificas las dosis o los métodos del consumo de medicamentos, así que no hagas caso omiso a las indicaciones.
  • Busca ayuda inmediatamente en caso de que tengas una sensación de desesperanza o desamparo a causa de tu dolor o si consideras la posibilidad de lastimarte o cometer suicidio.
  • En la mayoría de los casos de dolor, la ansiedad juega un papel significativo. Las técnicas orientadas a la reducción de la ansiedad y que te ayudan a recobrar el control de tus sentimientos, emociones y reacciones te permitirán encontrar la paz en un momento de angustia.
  • Los medicamentos pueden tener efectos secundarios y la probabilidad de sufrirlos puede aumentar mientras más tiempo los consumas. El estreñimiento, los efectos laxantes, las náuseas y la debilidad son síntomas que puedes tener a causa de algunos analgésicos. Vigila con atención tus reacciones y habla con tu médico en caso de que tengas alguna preocupación.
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