Cómo superar la timidez

¿La sola idea de hablar en público te hace querer sacar tu cabeza por la ventana luego de tomar una ducha con la esperanza de resfriarte? Si ese es tu caso, no eres el único. Muchas personas en el mundo sufren de timidez leve o extrema y luchan por superarla. Recuerda que salir de ese cascarón no es algo que sucede mágicamente de la noche a la mañana. Requiere tiempo, esfuerzo y, por supuesto, el deseo de cambiar. Con solo estar leyendo esta artículo ya te encuentras por el buen camino, ahora continuemos.

Comprende el motivo de tu timidez

  1. Piensa en el origen de tu timidez. Ser tímido no es necesariamente lo mismo que ser introvertido o no agradarte. Simplemente significa que por alguna razón te avergüenzas cuando eres el centro de atención. ¿Cuál es el origen de tu timidez? Generalmente es el síntoma de un problema mayor. Estas son algunas posibilidades:
    • Tienes una débil imagen de ti mismo. Esto ocurre cuando nos evaluamos a nosotros mismos y nuestra voz interior es negativa. Es difícil dejar de escucharla, pero recuerda que es tu voz y puedes ordenarle qué decir.
    • Te cuesta creer en los cumplidos que la gente te hace. Ya sea que creas que te ves bien o no, alguien se dio cuenta y por eso te lo dijo. ¿Acaso es un mentiroso? Levanta la barbilla, agradécele y acéptalo. No trates de convencerle que está en un error.
    • Te preocupas por la manera en que te comportas. Esto sucede cuando nos concentramos demasiado en nosotros mismos. Debido a que pasamos todo el día supervisando nuestras acciones y asegurándonos de no cometer errores, asumimos que todos los demás también lo hacen. Si esto parece ser algo que harías, más adelante hablaremos acerca de enfocarnos en otras personas.
    • Los demás te etiquetan como alguien tímido. A veces, cuando somos pequeños nos comportamos con timidez. Desafortunadamente, la gente se aferra a ello y nos trata como tal, aun cuando nuestras personalidades se desarrollan mucho más. Es posible que otras personas te hayan agrupado en esta categoría y tú solo trates de adaptarte a ellas. ¿Las buenas noticias? Solo debes adaptarte a ti mismo.
      • Sea cual sea tu razón, es posible superar tu timidez. Todas esas razones son formas de pensar y eso es algo que tú puedes controlar. ¡Claro que sí!
  2. Acepta tu timidez. Uno de los primeros pasos para superar tu timidez es tratar de aceptarla y estar a gusto con ella. Mientras más te resistas a ella inconsciente o conscientemente, más tiempo se impondrá. Si eres tímido, entonces acéptalo y acógelo por completo. Para hacerlo, puedes decirte repetidas veces: “Sí, soy tímido y lo acepto”.
  3. Averigua cuáles son los factores desencadenantes de tu timidez. ¿Te siente tímido frente a nuevas personas?, ¿cuando aprendes algo nuevo?, ¿cuando te aventuras a una nueva situación?, ¿cuando estás rodeado por gente que conoces y admiras?, ¿cuando estás en un lugar en el que no conoces a nadie? Trata de precisar las ideas que pasan por tu mente justo antes de que la timidez te afecte.
    • Lo más probable es que no todas las situaciones te provoquen timidez. No tienes ningún problema cuando estás rodeado de tu familia, ¿cierto? ¿De qué manera son distintos de los desconocidos a tu alrededor? No lo son, la única diferencia es que los conoces mejor, y lo que es más, ellos te conocen a ti. No se trata de ti, se trata de las situaciones en las que te encuentras. Esto demuestra que no es algo que sucede todo el tiempo y en cualquier lugar. Genial.
  4. Haz una lista de las situaciones que te provocan ansiedad. Ordénalas para que las cosas que te causen menos ansiedad estén en primer lugar y las que te causen más estén al último. Al ponerlas en términos tangibles, te parecerá una tarea que puedes afrontar con éxito.
    • Hazlas lo más tangibles posible. “Hablar frente a las personas” puede ser un factor desencadenante de tu timidez, pero puedes ser más específico. Por ejemplo, ¿hablar frente a aquellos que tienen más autoridad que tú?, ¿hablarles a aquellas personas que te parecen atractivas? Mientras más específico seas, más fácil te será identificar la situación y encargarte de ella.
  5. Conquista la lista. Cuando tengas una lista de 10 a 15 situaciones estresantes, comienza a lidiar con ellas, una por una (después de leer este artículo, por supuesto). Las primeras situaciones “más sencillas” te ayudarán a ganar confianza para que puedas continuar con las más difíciles.
    • No te preocupes si tienes que dar marcha atrás algunas veces. Hazlo a tu propio ritmo, pero haz un esfuerzo para incentivarte.

Conquista tu mente

  1. Utiliza esta timidez como una señal. Lo que sea que cause tu timidez se debe a que lo percibes como un factor desencadenante. Es como cuando un programa de computadora se interrumpe de alguna forma, se comporta de una manera en la que está programada para manejar interrupciones. Nuestra mente también está programada de manera similar. Piensa que estamos programados desde nuestra infancia para reaccionar a determinados estímulos como alejarnos de los desconocidos, de las alturas, de animales peligrosos, etc. Sin embargo, para determinados estímulos nuestras reacciones son únicas, es decir, los percibimos y reaccionamos de una forma natural para nosotros (por defecto), aunque dicha reacción puede ser errónea. Por ejemplo, cuando las personas ven un lagarto, algunas lo perciben como un reptil espantoso, mientras que otras como una mascota hermosa. Esto podría deberse a su reacción o respuesta natural (por defecto) a los estímulos (el lagarto). De la misma forma, cuando las personas tímidas ven a otras personas (estímulos), su respuesta natural es timidez. La verdad es que puedes cambiar esta respuesta reprogramando tu mente. Algunas formas de hacerlo son:
    • Cuestionarte y verificar la validez de tus razones.
    • Es esencial que hables en público a modo de práctica para superar realmente tu problema de timidez. Trata de ver esa timidez como una señal para esforzarte más y para hacer lo opuesto a lo que has estado haciendo cuando la experimentas. Cuando sientes timidez por estar en público probablemente vayas a otro lugar tranquilo, puesto que esa ha sido tu reacción natural por mucho tiempo, pero la próxima vez que ocurra, esfuérzate y haz lo opuesto, es decir, habla con las personas. Sí, te sentirás sumamente incómodo y negativo, pero de nuevo, considera estas emociones como un motivo para esforzarte aún más. Mientras mayor sea la magnitud de estas emociones negativas, será más difícil que te motiven a esforzarte. Luego de hacerlo varias veces, te darás cuenta de que estos sentimientos y emociones negativas en realidad fueron tus buenos amigos, ya que te motivaron a esforzarte aún más.
  2. Préstale tu atención a los demás. Un 99% de nosotros nos volvemos tímidos cuando creemos que si hablamos o sobresalimos en algo, haremos el ridículo. Es por eso que es importante concentrarse en los demás, desplazando nuestra atención (mental) hacia los demás. Cuando dejamos de concentrarnos en nosotros mismos, dejamos de preocuparnos por cómo nos comportamos.
    • La forma más fácil de hacerlo es concentrarse en la compasión. Cuando sentimos compasión, solidaridad e incluso empatía por los demás, dejamos de preocuparnos por nosotros mismos y comenzamos a dedicar todos nuestros recursos mentales a entender a los demás. Recordar que todos libran alguna clase de batalla, grande o pequeña (¡grande para ellos!) nos ayuda a no olvidar que todos merecen nuestra preocupación.
    • Si aquello no funciona, imagina un patrón de pensamiento similar al que crees que otras personas tienen. Si te preocupas por tu apariencia, asumes que todos se enfocan en ella (pista: en realidad no lo hacen). Los patrones de pensamiento son contagiosos: una vez que empieces, no podrás detenerte.
  3. Visualiza el éxito. Cierra los ojos y visualiza una situación en la que puedas sentir timidez. Ahora, en tu imaginación piensa en tener confianza. Hazlo a menudo y para diferentes situaciones. Esto tiene mayor efectividad cuando lo haces a diario, especialmente en la mañana. Puede parecer tonto, pero los atletas utilizan la visualización para desarrollar sus habilidades, así que, ¿por qué no tú?
    • Utiliza todos tus sentidos para que se sienta más real. Piensa en estar feliz y cómodo. ¿Cómo suenas? ¿Qué haces? De esa manera, cuando llegue el momento, estarás preparado.
  4. Practica tu buena postura. Ir con la cabeza en alto les da a los demás la impresión de que confías en ti mismo y eres receptivo a otros. A menudo nos tratan de la forma en la que nos sentimos, así que si te sientes abierto y accesible a otras personas, tu cuerpo reflejará ese sentimiento. ¡Cuerpo sobre materia!
    • Esto engañará a tu cerebro. Ciertos estudios afirman que la buena postura (cabeza en alto, hombros hacia atrás y brazos abiertos) nos hace sentir autoritarios, confiados y, lo que es más, reduce el estrés. ¡Y ni siquiera necesitas más razones!
  5. Practica tu manera de hablar con claridad. Esto te ayudará a evitar la potencial vergüenza de tener que repetir lo que dijiste debido a que murmuras o hablas en voz muy baja. ¡Debes acostumbrarte a escuchar tu propia voz! Incluso debes amarla.
    • Grábate fingiendo que tienes una conversación. Suena ridículo por supuesto, pero descubrirás los patrones, el momento y la razón por la que disminuyes tu tono de voz, las veces en las que crees que estás hablando alto cuando no es cierto, etc. Al principio te sentirás como un actor (y haz lo que los actores hacen para prepararse), pero se te hará una costumbre. ¡Ya sabes, la práctica hace al maestro!
  6. No te compares con los demás. Mientras más te compares con los demás, más pensarás que no puedes estar a su altura y más intimidado te sentirás, lo que hará que seas más tímido. No sirve de nada compararse con nadie, pero si lo haces, hazlo de forma realista. ¡Todo el mundo se estresa debido a sus problemas de autoconfianza!
    • En serio, si tienes amigos o familiares muy seguros de sí mismos y extrovertidos, pregúntales cómo lo hacen. Probablemente te dirán algo así: “Oh sí, me concientizo completamente para poder tener confianza en mí mismo” o “Solía ser terrible. En verdad tuve que esforzarme mucho”. Solo estás en una etapa del proceso distinta al que ellos están.
  7. Piensa en lo genial que eres. Todos tienen un don especial o rasgo que ofrecerle al mundo. Puede sonar cursi, pero es verdad. Piensa en las cosas que sabes, en lo que haces y en lo que has logrado en lugar de fijarte en cómo luces, te oyes o vistes. Ten en cuenta que todos, incluso las “personas hermosas”, tienen algo acerca de sí mismos o de su vida que no les agrada. No existe una razón en particular por la que tu “problema” deba hacerte sentir tímido y el suyo no.
    • Cuando te concentres en esto, te darás cuenta de que tienes mucho que ofrecer a cualquier grupo o situación. Tus recursos y habilidades son necesarios para mejorar cualquier problema. Sabiendo esto, te sentirás más dispuesto a dar tu opinión.
  8. Determina tu valor social y tus fortalezas. Solo porque no seas el macho dominante, tengas la voz más resonante ni seas el alma de la fiesta dentro del grupo no significa que no tengas fortalezas sociales. ¿Eres un buen oyente?, ¿tienes buen ojo para los detalles? Es posible que sea algo que ni siquiera se te haya ocurrido, así que siéntate por un segundo. ¿Eres mejor observador que las demás personas a tu alrededor? Probablemente sí.
    • Tus fortalezas pueden darte una ventaja. Si eres un buen oyente, probablemente puedes notar cuando alguien tiene un problema y necesita desahogarse un poco. En esta circunstancia, ellos son los que te necesitan. No hay nada amenazador en esa situación. ¡Así que pregúntales lo que les pasa! Si notaste que uno de tus amigos está un poco enojado, ¿puedes escucharlo?
    • En todos los grupos sociales, es necesario llenar todos los roles. Tienes un lugar del grupo, aun cuando no lo notes. Nadie es mejor que otro, ten en cuenta que tu valor, cualquiera que sea, completa la dinámica del grupo.
  9. No te dejes etiquetar. Para que conste, las personas populares no son felices. Las personas extrovertidas no son necesariamente populares o felices y las tímidas no son necesariamente introvertidas, infelices o frías y distantes. Así como no quieres verte inmerso en etiquetas, tampoco se las pongas a otros.
    • Los chicos populares en la escuela intentan con mucho esfuerzo y día tras día ser populares. Asimismo, intentan adaptarse y tener éxito. Bien por ellos, pero eso no significa que sean felices o que vaya a durar. Tratar de imitar algo que no es lo que parece no te llevará a ningún lado. Es mejor que vayas al ritmo de tu propia música, ya que tanto la de la escuela como la de la universidad se acaban y luego ¿con que te quedarás? Con solo un par de zapatos de baile y un sombrero gracioso.

Conquista las situaciones sociales

  1. Infórmate. Si tienes una fiesta la próxima semana, te recomendamos prepararte con un par de temas interesantes. ¿El gobierno de turno terminará de nuevo? ¿Un gran final de una serie de televisión? ¿Un acontecimiento internacional? Sigue leyendo. De esa manera, cuando el tema surja en medio de la conversación, podrás intervenir en ella.
    • Tu objetivo no es impresionar con tu conocimiento profundo y detallado del tema. Simplemente querrás unirte a la conversación. Los demás no buscan que los juzguen ni que les den opiniones, así que procura que la conversación sea ligera y amistosa. Un simple comentario como “hombre, no quisiera estar en sus zapatos” puede evitar que la conversación llegue a un punto muerto.
  2. Imagina que las conversaciones están compuestas por etapas. Es posible simplificar la interacción social, hasta cierto punto. Cuando comprendas los pasos básicos y los internalices, estarás listo para abordar las conversaciones en piloto automático, lo que te genera mucho menos estrés. Piensa en todas las conversaciones dividiéndolas en cuatro etapas:
    • La primera etapa es una línea de apertura simple. Es una pequeña charla a su máxima expresión.
    • La segunda etapa consiste en las presentaciones. Se explica por sí misma.
    • La tercera etapa consiste en encontrar un área en común, un tema del que ambos puedan hablar.
    • La cuarta etapa es concluyente, una de las partes le informa a la otra de su partida y, en resumen, quizás intercambien datos personales: “Bueno, fue un placer hablar contigo, nunca pensé las cosas de esa manera. Aquí está mi tarjeta, ¡hablemos de nuevo alguna vez!”.
  3. Comienza una conversación. ¿Recuerdas ese increíble proyecto que hiciste?, ¿esa montaña que escalaste?, ¿la enfermedad que superaste? Si puedes hacer todas esas cosas, esa conversación será pan comido. Un comentario cualquiera acerca de algo que ambos comparten dará inicio a una charla: “Este maldito bus siempre llega tarde”, “¡Solo tengo que tener fe en que ese café llegará!” o “¿Viste la corbata que el jefe está usando hoy? ¡Dios mío!” La otra persona comenzará a partir de ahí.
    • Agrega algún detalle a tus declaraciones básicas. Si alguien te pregunta dónde vives, es fácil que la conversación termine en un punto muerto muy incómodo y te deje con la sensación de que has fallado. En lugar de decir “en la calle Los Jazmines”, di “en la calle Los Jazmines, justo al lado de esa increíble panadería”. De esa manera, la otra persona tendrá algo de qué comentar, lo que hará que la conversación continúe. En lugar de responder: “Oh, genial”, responderá: “¡Oh, por Dios!, ¿has probado sus croissants de chocolate?”.
  4. Entra en calor. Si estás en una fiesta, puedes tener exactamente la misma conversación una y otra vez. Acércate a una o dos personas al mismo tiempo y realiza las mismas bromas y clichés sociales hasta que hayas tenido suficiente y te encuentres prácticamente harto. Luego dirígete nuevamente a las personas con las que en verdad disfrutas conversar. Ahora puedes concentrarte en una conversación real.
    • Comienza rápidamente haciendo que cada conversación solo dure unos cuantos minutos. Esto aliviará tu tensión y probablemente te haga sentir menos nervioso (cuando una conversación dura solo un par de minutos no es tan aterradora). Luego puedes enfocar tu tiempo y energía en aquellos con los que te gustaría entablar una amistad. ¡Es lo más lógico considerando tu tiempo y recursos!
  5. Luce y compórtate como alguien accesible. Trasmite una actitud abierta y amigable con tu lenguaje corporal. Asegúrate de no cruzar los brazos, de mantener tu cabeza en alto y tus manos sueltas. Nadie te hablará si estás concentrado en un juego de Candy Crush. ¡Solo están siendo educados!
    • Piensa en las personas a las que quisieras acercarte. ¿Qué es lo que sus cuerpos y rostros dicen? Ahora piensa en las personas a las que no quisieras acercarte. ¿Cómo estás sentado en este momento?, ¿en qué punto del espectro se encuentra tu actitud?
  6. Sonríe y haz contacto visual. Una simple sonrisa a un desconocido puede iluminar tu día ¡y el suyo también! Sonreír es una manera amistosa de reconocer a otros y es excelente para iniciar una conversación con alguien, ya que así demuestras que eres inofensivo, amistoso y que quieres participar.
    • Los seres humanos son criaturas sociales. Una simple mirada a los prisioneros en régimen de aislamiento lo probará. Todos buscamos interacción y reafirmación. No te estarás imponiendo en su día, sino que lo estarás animando y de alguna manera, haciéndole mejor.
  7. Piensa en tu cuerpo. Cuando te encuentres dentro de un grupo de personas (o incluso solo con una), probablemente quedarás atrapado en algunos pensamientos de timidez. Eso es normal al principio. Si te pones ansioso, hazte las siguientes preguntas:
    • ¿Estoy respirando? Si puedes disminuir tu respiración, tu cuerpo se relajará automáticamente.
    • ¿Estoy relajado? Si no lo estás, mueve tu cuerpo hacia una posición más relajada.
    • ¿Soy una persona abierta? Puedes aprovechar las señales que te da tu propia posición. Abrirte puede cambiar la manera en la que los demás te miran como parte del grupo.

Desafíate

  1. Establécete metas personales. No es suficiente pensar: “¡Saldré y no seré tímido!”. Esa no es realmente una meta tangible, es similar a decir: “Quiero ser increíble”. ¿Cómo se hace? Necesitas metas orientadas a la acción, como hablarle a un desconocido o iniciar una conversación con alguien atractivo que conozcas. Hablaremos de esas acciones en la siguiente sección.
    • Concéntrate en los logros pequeños y diarios, luego gradualmente vuélvete más osado. Incluso preguntarle la hora a un desconocido puede ser una tarea abrumadora. No descartes estas oportunidades como si no fueran la gran cosa, ¡porque lo son! Puedes reunir el valor suficiente para hablar frente a grandes multitudes por un momento. ¡Hazlo despacio!
  2. Descubre lo que es cómodo para ti. Sé sincero, ir a un concierto o beber toda la noche en un club podría no ser tu estilo, eso no tiene nada que ver con la timidez. Si prefieres cortarle las uñas de los pies a tu abuela, hazlo. No intentes conquistar tu timidez en entornos que verdaderamente no puedas soportar. No funcionará.
    • No necesitas hacer lo mismo que todo el mundo. Además, si lo haces, no aguantarás mucho ni encontrarás personas que te agraden y sean parecidas a ti. ¿Por qué perder el tiempo? Si un bar no es lo tuyo, no hay ningún problema. Pon en práctica tus habilidades sociales en los cafés, en pequeñas reuniones o en el trabajo. En entornos que sean más aplicables a tu estilo de vida.
  3. A modo de práctica, ponte en situaciones no tan cómodas. De acuerdo, el punto no es que te encuentres en lugares en los que te escondas en una esquina pellizcándote para adormecer el sufrimiento social, pero sí necesitas colocarte en entornos en los que estés a un paso o dos fuera de tu elemento. ¿De qué otra forma crecerás como persona?
    • Comienza en la parte superior de tu lista, ¿recuerdas? Podría ser tener una pequeña charla con la chica de la tienda, pedirle la hora a alguien en la estación de autobuses o conversar con la persona que trabaja en el cubículo de al lado en tu oficina. La mayoría de las personas no son buenas para iniciar una conversación (¿ya descubriste la razón?, son iguales a ti), pero las oportunidades están ahí.
  4. Preséntate a una nueva persona a diario. A menudo es más fácil hablar con desconocidos, al menos brevemente. Después de todo, es posible que nunca los veas de nuevo, así que ¿a quién le importa lo que piensen de ti? Intenta hacer contacto visual con esa persona que camina por la calle, yendo hacia el bus y sonríele. ¡Literalmente, solo te tomará 3 segundos de tu vida!
    • Mientras más lo hagas, más descubrirás que las personas son receptivas y amigables. De vez en cuando te toparás con algún paranoico que se pregunte por qué lo miras sonriendo, considéralo como alguien divertido con quién meterse. Además, sonreír hace que las personas se pregunten por qué les sonríes. ¡Ahora te metiste en su cabeza en lugar de que sea al revés!
  5. Conoce gente nueva. Habla con alguien con quién normalmente no pensarías tener una conversación. Trata de conocer gente que comparta uno o más de tus intereses y haz un plan para hablarles. En algún momento u otro, te encontrarás frente a un grupo. Métete en la conversación con el más básico de los comentarios (o apoyando el de otra persona). Participa, es la única forma de crecer.
    • Esto se volverá más fácil con el tiempo. ¿Recuerdas lo difícil que era manejar una bicicleta al principio? Es lo mismo con las interacciones sociales: sencillamente no has tenido mucha práctica. Luego de un tiempo, habrás tenido muchas experiencias. Nada te sorprenderá. ¡Hurra!
  6. Registra tus éxitos y sigue adelante. En el cuaderno en el que escribiste tus desencadenantes sociales, anota tus éxitos. Observar el progreso que has hecho es una excelente motivación para seguir adelante. En unas cuantas semanas, te sorprenderás del control que tienes, cosa que te convencerá aún más de que es posible hacerlo. ¡Impresionante!
    • No existe una línea de tiempo para hacerlo. Para algunas personas, no sucederá hasta que se les prenda el foco y de repente lo entiendan. Para otras, es un lento camino que toma 6 meses. Tomará el tiempo que deba tomar. Confía en ti mismo y lo conseguirás.

Consejos

  • Solo ten en cuenta que casi todos son tímidos de cierto modo. La diferencia es el grado de timidez. Puedes aumentar tu confianza mediante la práctica de tus habilidades para conversar y teniendo nuevos temas que discutir.
  • Di “sí” a más cosas. Al principio será difícil. Comienza con cosas pequeñas, como saludar a un compañero de clase. El punto es que cuando aceptas hacer algo que no sueles hacer, puedes obtener muchos buenos momentos. Además, te sentirás mejor contigo mismo por haber sido lo suficientemente valiente para hacerlo.
  • El miedo y las emociones comparten la misma química, la adrenalina. Si te concentras en los aspectos positivos de un acontecimiento, discurso, actividad, etc. y piensas en tu tensión con anticipación, podrás convertir tus miedos en una emoción que te haga disfrutar ser sociable. Muchas personas sociables y elocuentes participan en situaciones públicas con tanta tensión como tú, pero la interpretan como una emoción y la comparten con otros. El pánico escénico puede desaparecer y convertirse en una actuación estelar cuando haces ese cambio a lo que crees que significa ese sentimiento.
  • Supera el pánico escénico imaginando que eres otra persona, como una celebridad a la que admiras. Imagina ser esa persona hasta que te sientas cómodo en el escenario.
  • No tiene nada de malo ser tímido, ¡pero tampoco tiene nada de malo ser extrovertido!
  • ¡Ofrécete como voluntario o únete a un club o grupo social! Únete a un club en el que estés interesado y conocerás a otras personas con intereses comunes. Esta es una estupenda forma de hacer amigos.
  • Recuerda que la timidez es una emoción, no un rasgo de personalidad permanente. Tienes el poder para cambiar tus sentimientos de timidez mediante el deseo y las acciones.
  • Date mucho tiempo para hablar. Hablar despacio te brinda más tiempo para pensar en qué decir, así como también para añadirle más peso a tus palabras.
  • Haz una lista de las cosas que amas de ti mismo y colócala en tu pared. Puede darte más confianza antes de salir de casa.
  • No temas buscar ayuda profesional, asesoramiento grupal, individual y terapia que pueda ayudarte sobre la marcha. A veces es más que solo timidez y es importante darse cuenta de ello. A menudo, el trastorno de ansiedad social es visto como “timidez extrema”, así que asegúrate de saber lo que tienes.

Advertencias

  • Si eres conocido por ser tímido entre tus familiares y amigos, ten cuidado con las bromas inofensivas. Algunas personas pueden sentirse incómodas al verte fuera de la categoría en la que te pusieron en sus propias mentes. Ignóralas. Sus intenciones no son malas, ¡pero no permitas que te atemoricen al punto de hacerte volver a tu coraza protectora!
  • A veces, la timidez es una etapa, muchas personas desarrollan su confianza y extroversión con la edad. No vayas por ahí tratando de cambiar lo que eres a menos que realmente te haga infeliz, porque podrías deshacerte de esa timidez con el tiempo.
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