Cómo ganar una discusión

Empezar una discusión puede ser una experiencia extremadamente estresante. Puedes concentrarte tanto en “ganar” que te olvidas de escuchar realmente a la otra persona. Mantener la calma, tomar un descanso antes de continuar y dar tu argumento de manera calmada y racional (en lugar de gritar, chillar o llorar) puede marcar toda la diferencia. Aunque no hay ninguna garantía de que ganarás una discusión, darás una buena impresión que tal vez transmitirás en discusiones exitosas en el futuro.

Expresándote apropiadamente

  1. Mantente calmado. La clave para ganar una discusión es permanecer calmado. Mientras más enojado y alterado estés, más difícil será expresar tu punto eficientemente. Esto toma práctica, pero mientras mejor controles tu temperamento, te resultará más fácil discutir eficientemente.
    • Sin embargo, si eso no es posible, recuerda respirar mientras estás discutiendo. Puede ser tentador hablar lo más rápido y alto posible, pero mientras más tiempo te tomes para decir lo que necesitas decir, darás una impresión más calmada.
    • Mantén tu lenguaje corporal abierto y no a la defensiva. Puedes usar tu cuerpo para engañar a tu cerebro y estar más relajado. No cruces tus brazos sobre tu pecho, mantenlos sueltos a los lados y úsalos para ayudarte a ir al grano.
    • No alces tu voz. Trabaja para no alterar tu voz. Si tiendes a llorar cuando estás alterado o enojado, trabaja en tu respiración. Por ejemplo, inhala y cuenta hasta 4, luego exhala y cuenta hasta 6. Esto te ayudará a mantenerte más calmado.
  2. Deja la necesidad de tener la última palabra. Antes de entrar en un gran conflicto, recuerda que no siempre tendrás la última palabra, incluso si tienes la razón. Confórmate con discutir tu caso bien y eficientemente, incluso si no cambia la opinión de la otra persona. Esto hará que la discusión no se prolongue debido a que ambos lados se rehúsan a dejar que el otro tenga la última palabra.
    • Dar un último golpe en realidad puede ser bastante dañino si tienes una relación con la persona con quien estés discutiendo (incluso si no es así, la gente habla y esto podría hacerte más daño a la larga). Si la discusión ha llegado a un punto final, ambos lados han discutido sus puntos de vista y no hay nada más que decir, solo déjalo así.
  3. Toma un tiempo fuera. Es mejor hacerlo antes de comenzar la discusión, de tal manera que tú y la otra persona tengan la oportunidad de respirar profundamente y ordenar sus argumentos. Puede ayudarte a crear un poco de espacio alrededor del problema o los problemas a tratar.
    • Puedes hacerlo con tu pareja, tu jefe, un amigo, etc. Cuando surge un problema que causa fricción entre ambos, pídele un poco de espacio y tiempo para pensar. Luego fija una hora específica para abordar el problema.
    • Por ejemplo: tú y tu pareja empiezan a discutir acerca de a quién le toca lavar los platos, lo que posteriormente te lleva a acusar a tu pareja de no hacer una parte equitativa de las tareas domésticas (un problema común). Dile: “oye, creo que es algo que realmente tenemos que discutir, pero quisiera un poco de tiempo para calmarme y hablar tranquilamente. ¿Podemos retomar esto mañana después del trabajo?”. Luego, utiliza ese tiempo para anotar tus razones para sentirte de dicha manera, da algunos ejemplos específicos y provee una posible solución.
    • Este también puede ser un buen momento para decidir si la discusión realmente vale la pena. A veces las cosas que explotan en el momento resultan no ser nada cuando tienes la oportunidad de distanciarte y ver claramente.
  4. Escucha de buena gana el lado de la otra persona. Usualmente cuando tienes una discusión nadie está en el lado correcto. Generalmente, simplemente hay dos puntos de vista con interpretaciones alternativas. Necesitas estar abierto a su versión y a sus ejemplos, incluso si en el fondo no estás de acuerdo. Es probable que tenga algunos puntos buenos.
    • Por ejemplo: tú y tu jefe empiezan una discusión acerca del trato del jefe contigo (sientes que te intimida y dice cosas increíblemente hirientes). Él afirma que tu actitud es el problema. Ahora, rememora. Tal vez tu actitud ha hecho cosas peores (en lugar de confrontarlo inmediatamente respecto a su comportamiento, tomaste una ruta más pasivo-agresiva). Admitir tu propia culpabilidad le cortará las alas, porque estarás reconociendo tu parte en el problema, mientras aún explicas cómo tu comportamiento estaba relacionado a y desencadenado por él.
    • Examina tu reacción instintiva (esta es la razón por la que tomar un tiempo fuera para pensar las cosas es tan útil). Lo que tal vez creas inmediatamente podría no ser cierto (por ejemplo, si alguien ofrece evidencias o argumentos que cuestiona tu visión del mundo). Trata de investigar un poco usando fuentes respetables antes de comenzar a gritar acerca de cuánta razón tienes.
    • Habrá unas cuantas veces en tu vida en las que entablarás una conversación con alguien que esté completamente equivocado (usualmente cuando se trata de cosas como discusiones sobre el racismo, el sexismo, etc.). No ganarás esta discusión porque la otra persona casi nunca será capaz de dejar su visión del mundo (es decir, que el racismo o el sexismo no existe). No discutas con esa persona.

Durante la discusión

  1. Infunde una intención positiva. Para que una discusión termine bien, especialmente para que termine bien en tu favor, necesitas convencer a la otra persona de que quieres lo mejor para él o ella a lo largo de la discusión. Si sientes que la discusión cumplirá algún propósito en tu relación con la otra persona, él o ella sentirá lo mismo y tendrás más probabilidades de hacer que entienda tu punto.
    • Antes de empezar una discusión recuérdate por qué te importa esa persona y la relación que tienen (podría ser tan simple como “es mi jefe y algún día necesitaré su buena voluntad” hasta “es mi hija a quien quiero mucho y estoy preocupado por algunas de las decisiones que ha estado tomando últimamente”).
    • Esto no significa que tengas que ser condescendiente. Nunca digas cosas como: “solo estoy diciéndote esto por tu propio bien” o “solo estoy tratando de hacerte una mejor persona”. Te cerrarás a escuchar a la otra persona por completo.
  2. Debes estar presente en el momento. Estar presente significa que reconoces lo que está pasando contigo, en lugar de tratar de adelantarte al final de la discusión. Significa que no solo alzarás la voz cada vez más al escuchar lo que la otra persona tiene que decir y al pensar en ello. Significa prestar atención a los sentimientos y argumentos de la otra persona.
    • Trata de evitar tener una discusión en un lugar lleno de gente en el que ambos se distraerán fácilmente. No tengas este tipo de discusión cuando serás interrumpido por llamadas telefónicas y alertas de mensajes (es mejor apagar tu teléfono o ponerlo en modo silencioso).
    • Menciona lo que esté pasándote. Esto significa que cuando tu corazón comience a acelerarse y tus palmas se pongas sudorosas, menciones lo que esté pasándote (estás ansioso porque tienes miedo que esta discusión hará que tu esposa te deje, etc.).
  3. Expón tus puntos. Mientras más claros y específicos sean tus puntos, más fácil será hacer que la otra persona te entienda. Realmente no es recomendable hacer generalizaciones vagas como “nunca ayudas en la casa”, porque inevitablemente mencionará esa única vez en la que sí ayudó y no será capaz de escucharte.
    • Mientras más específico, mejor: por ejemplo, si estás peleando con tu jefe, ofrece casos específicos de las veces en las que te intimidó y cómo te hizo sentir (haciéndote una crítica demoledora frente a otras personas, insultándote, cosas que le dijo a otras personas a tus espaldas, etc.).
    • Es por esta razón que cuando algo se convierte en un problema en una relación (cualquier relación) debes documentarlo, de tal manera que puedas mostrar que es un patrón en lugar de un incidente aislado.
    • Si estás discutiendo sobre política, religión, etc., asegúrate de saber de lo que estés hablando. Necesitarás tener hechos específicos y evitar falacias lógicas (que se analizarán más adelante). Recuerda, particularmente cuando se trata de este tipo de temas, las personas encuentran muy difícil permanecer calmadas y dar una explicación racional de sus opiniones.
  4. Escucha. Necesitarás escuchar realmente a la otra persona y considerar sus opiniones. Una discusión involucra a dos (o más) personas que tienen opiniones diferentes acerca de algo. Muy pocas veces, una persona está completamente equivocada y la otra completamente en lo cierto. Para ganar una discusión tienes que asegurarte de que la otra persona sienta que la has escuchado y has evaluado sus argumentos.
    • Cuando la otra persona esté explicando sus puntos, asegúrate de mirarlo a los ojos y escuchar realmente lo que esté diciendo. No comiences a formular tu siguiente argumento hasta que haya dicho lo que tenga que decir.
    • Si te encuentras distraído o confuso, haz preguntas aclaratorias para asegurarte de entender su punto.
    • Es por ello que es una buena idea tener una discusión en un lugar sin distracciones para asegurarte de poder concentrarte exclusivamente en la otra persona. Si no puedes elegir el lugar, trata de encontrar una esquina remota y de no tener la discusión bajo la mirada de todos a tu alrededor.
  5. Controla tus reacciones. En plena discusión puede ser muy fácil dejar que te afecte. Te encontrarás sintiéndote alterado y, tal vez, enojado. Es perfectamente normal, pero lo mejor es tratar de mantener la calma asegurándote de respirar profundamente.
    • A veces puede ser bueno decirle a la otra persona cómo estás sintiéndote. Dile algo como “disculpa, pero pienso que tu afirmación acerca de que soy perezoso es extremadamente ofensiva. ¿Qué he hecho para que creas que soy perezoso?”
    • NUNCA recurras a los insultos o a la violencia física. Estos son comportamientos increíblemente hirientes y abusivos y literalmente no existe razón alguna para usar ninguna de estas tácticas (el único caso en el que se permite la violencia es si alguien te ha herido físicamente y temes por tu vida; aléjate de esa persona lo más rápido posible).
    • También debes evitar tratar a la otra persona como un idiota (sin importar lo que pienses) hablándole con altanería, siendo extremadamente sarcástico, remedando lo que dicen o riéndote cuando expresan sus preocupaciones.
  6. Evita ciertas frases. Hay algunas frases que parecen estar diseñadas solo para irritar a las personas. Si quieres tener una discusión real (en lugar de solo tratar de destrozar a alguien o imponer tu punto de vista), tendrás que evitar estas frases como la peste.
    • “A fin de cuentas…”. Esta frase básicamente carece de sentido, pero tiene la habilidad de hacer que tu oponente quiera golpearte en la cara.
    • “Para hacer de abogado del diablo…”. A las personas que usan esta frase les gusta pensar que están por encima de cosas como escuchar a los demás (eso simulan, pero todo lo que realmente quieren es imponer su punto de vista, usualmente el punto de vista del abogado del diablo, en la otra persona). Es eso o quieren descarrilar la conversación.
    • “Como quieras…”. Si estás intentando tener una discusión con alguien y tú o la otra persona dicen “como quieras” a los puntos que se exponen, entonces no están entablando una conversación respetuosamente y necesitan posponer la discusión para otro momento o indefinidamente.

Evitando falacias lógicas

  1. Entiende las falacias lógicas. Son ciertos argumentos que haces que debilitan tu argumento porque están basados en un razonamiento incorrecto. Si te encuentras dependiendo de falacias lógicas para convencer a tu oponente, entonces debes reconsiderar tu argumento.
    • Es por ello que es recomendable tener una idea de lo que quieres decir antes de decirlo. De esta manera puedes ver si hay errores o falacias en tu argumento.
    • Si notas que la persona con la que estás discutiendo está usando una falacia lógica, señálala. Por ejemplo, podrías decir: “dijiste que el 70% de las personas no apoyan el matrimonio gay, pero se podría decir lo mismo acerca de la esclavitud hace cien años. ¿Estás seguro de que quieres basar tu argumento en eso?”
  2. Evita emplear un subterfugio. Este tipo de falacia aparece muy seguido. Es cuando básicamente simplificas demasiado el argumento de tu oponente y luego das razones en contra del argumento que dices que hizo, en lugar del que realmente hizo (o por qué escuchar es increíblemente importante).
    • Un ejemplo de esto sería decir que “todas las personas feministas odian a los hombres” y luego dar razones en contra en lugar de abordar las preocupaciones que los feministas tienen acerca de la igualdad entre los sexos (ignorando la diferencia de sueldos, la violencia de género, las investigaciones que muestran que los hombres tienden a dominar las discusiones).
    • Este tipo de argumento descarrila la conversación para forzar a la otra persona (o a ti) a seguir explicando que tu punto de vista es más complicado que “nunca haces nada bien” a tu pareja.
  3. Evita la equivalencia moral. Esta falacia es cuando comparas fechorías menores con atrocidades mayores. Pasa todo el tiempo en el ámbito político y es algo que debes evitar usar, porque solo irritará a la persona con la que estés discutiendo y hará menos probable que quiera escuchar tu punto de vista.
    • Un ejemplo es comparar a Obama (o George W. Bush o quien sea) con Hitler. Esto básicamente significa decir que alguien que hizo algo con lo que tal vez no estés de acuerdo es en realidad similar a alguien que dirigió la matanza indiscriminada más espantosa de grupos enteros de personas. A menos que alguien esté organizando un genocidio sistemático, no lo compares con Hitler.
    • Si tus argumentos dependen de equivalencias morales entonces debes reconsiderar lo que estás discutiendo.
  4. Evita los argumentos ad hominem. Esto es básicamente cuando atacas a alguien basado en su apariencia o carácter en lugar de discutir con sus opiniones. Especialmente las mujeres se llevan la peor parte de este tipo de ataque en su apariencia física a pesar de los argumentos que digan.
    • Por ejemplo, si estuvieses discutiendo con tu madre, llamarla estúpida o loca no tiene nada que ver con sus argumentos y todo que ver con su carácter.
    • Estos tipos de ataques solo harán que sea incluso menos probable que la persona con la que discutes escuche tu lado de las cosas. Si la otra persona está atacándote de esta manera, llama su atención o abandona la discusión (usualmente las personas que te atacan personalmente no estarán dispuestas a escuchar tu punto de vista).
  5. No caigas en la falacia ad populum. Esta falacia es una que apela a las emociones, hablando solo de los conceptos “positivos” y “negativos” en lugar de aludir a los argumentos reales. Esta es otra falacia que se usa todo el tiempo en el ámbito político.
    • Un ejemplo de ad populum: “si no apoyas la guerra de Irak, no eres un verdadero estadounidense (eres un terrorista)”. Al decir algo como esto no estás discutiendo el verdadero problema, aunque la guerra de Irak estuviese justificada o no, estás cuestionando el patriotismo de los disidentes, lo que básicamente es inútil y no significa nada.
  6. No uses la falacia de la pendiente resbaladiza. Esta es una falacia importante usada constantemente en todos los ámbitos diferentes: político, personal, social. Puede sonar muy convincente, pero no hará frente al escrutinio. Básicamente basa una conclusión en la idea de que si sucede “A”, entonces una serie de pequeños pasos (B, C, D... X,Y, Z) también sucederá. La falacia equipara “A” con “Z”, diciendo que no hacer “A” significará que “Z” no ocurrirá.
    • Por ejemplo: cualquier restricción acerca de quién puede comprar armas en Estados Unidos significa que el gobierno quiere quitarte todos tus derechos. En realidad, “A” no llevará directamente a “Z” (tendrían que tomarse un gran número de pasos a lo largo del camino).
  7. Evita la generalización apresurada. Esta es una conclusión basada en información insuficiente, errónea o parcial. Esta se da cuando saltas a una conclusión o un argumento sin antes reunir toda la información.
    • Por ejemplo: tu nueva novia me odia, a pesar de solo haber tenido una interacción con ella. El problema aquí es que acabas de conocer a la nueva novia. Tal vez era tímida o estaba teniendo un mal día. No tienes suficiente evidencia para decidir que la nueva novia te odia.

Consejos

  • Es mejor discutir cara a cara (a menos que temas por tu vida). Si tienes una discusión por teléfono, sigue las instrucciones para permanecer calmado, respirar profundamente y ser específico acerca de la situación.

Advertencias

  • No empieces una discusión en redes sociales, ya sea por Facebook, Tumblr, Twitter, etc. Nadie gana esas discusiones y las personas que las inician tienden a ser trolls.
  • Recuerda que este artículo solo puede darte consejos para aumentar las probabilidades de ganar una discusión. No puede garantizar que realmente ganarás.
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