Cómo saber si un niño sufre de trastorno reactivo de la vinculación

La mayoría de relaciones interpersonales se desarrolla sobre la base de la confianza. Cuando un niño o infante tiene una necesidad física (como hambre o algún tipo de incomodidad) o emocional (cuidado tierno y cariñoso, sonrisas, abrazos y besos) que no se satisface, entonces comienza a perder la confianza en las personas que lo cuidan. Cuando no hay confianza, será incapaz de desarrollar relaciones saludables, positivas e interactivas con ellos. Todo esto prepara el terreno para el trastorno reactivo de la vinculación o TRV. Las consecuencias de este trastorno pueden ser muy numerosas. Comienza a leer el paso 1 a continuación si conoces a un niño que creas que sufre de este trastorno.

Reconocimiento del TRV en bebés

  1. Observa su crecimiento. Podemos decir con toda franqueza que los bebés con TRV no se habrán desarrollado ni fisiológica, ni emocional ni cognitivamente de forma apropiada. Cuando no se desarrollan bien, se puede notar en varios aspectos:
    • Físicamente: no muestran un crecimiento adecuado en cuanto al peso debido a su alimentación pobre.
    • Emocionalmente: incluso cuando se sienten mal no se les puede calmar porque creen que no hay nadie de quien puedan recibir consuelo, apoyo y calor.
    • Cognitivamente: basados en su experiencias anteriores, llegan a formar representaciones más precisas de las maneras en que la madre o el encargado de cuidarlos les responderán a ellos y a sus necesidades.
  2. Observa cómo se involucran en los juegos. Nuevamente, los bebés con TRV no se involucran en actividades o juegos activos. Por lo general, son los bebés buenos que no son difíciles de cuidar y que no necesitan mucho control y supervisión. Casi no hacen nada en absoluto.
    • A menudo se observan un aletargamiento y desinterés en sus movimientos y también juegan lo menos posible con juguetes o no exploran el mundo que los rodea. Los bebés son curiosos por naturaleza, pero los bebés con este trastorno no lo son.
  3. Nota que no sienten afinidad con la madre o el encargado de cuidarlos. No discriminan o diferencian entre extraños y quienes los cuidan. No tienen ninguna afinidad especial con la madre y, de hecho, buscan relacionarse y acercarse a adultos extraños. Eso es muy diferente de los niños con vínculos saludables, que buscan seguridad en aquellos a quienes aman y en quienes confían.
    • Podrás imaginarte cómo esto provocará problemas en el futuro. Si un niño o adolescente busca refugio en extraños, el terreno estará listo para los problemas. Este factor del TRV da paso a actitudes impulsivas y radicales en el futuro.
  4. Observa la relación entre el bebé y la persona que lo cuida. Una relación segura entre el niño y el cuidador, llena de mucho afecto, apego y unión, ayuda al niño a desarrollar empatía, habilidades sociales y destrezas para regular las emociones de forma efectiva. Si la relación no es segura, estas habilidades no se desarrollarán. ¿Cómo trata el cuidador al bebé? ¿Cuando llora, viene corriendo? ¿Existe un ambiente positivo?
    • Esto es lo que Freud sentía y decía sobre la relación entre el niño y su madre: “La relación entre la madre y el hijo es el prototipo para todas las relaciones del futuro”. En lo que respecta a este trastorno, no estaba equivocado. Es probable que las bases de esta relación determinen las relaciones futuras del niño durante el transcurso de su vida.

Reconocimiento del TRV en niños y adolescentes

  1. Aprende cómo se manifiesta el TRV de tipo "inhibido". En este subtipo de TRV, los niños no logran iniciar ni responder apropiadamente a las interacciones sociales y prefieren evitar el contacto social.
    • Cuando sus necesidades no se satisfacen, sienten que se les ha negado cariño y afecto, lo cual los hace verse indeseados e indignos de recibir el cuidado, atención y afecto adecuados en el momento apropiado. Eso los hace sentirse inseguros y en peligro y cuando uno se siente así, no puede tener confianza en sí mismo al estar con los demás. Esto se proyecta en la autoestima que los acompaña todo el tiempo.
  2. Aprende cómo se manifiesta el TRV de tipo "desinhibido". No obstante, hay otros niños con TRV que proyectan sus habilidades sociales abiertamente una y otra vez. Intentan buscar confort, apoyo y cariño en casi todos los adultos sin importar si los conocen o no. Este tipo de comportamiento se considera promiscuo y puede provocar un futuro problemático.
    • Estas son las clases de niños que han aprendido a no confiar en quienes deberían y que prefieren a extraños para que satisfagan sus necesidades. Con frecuencia, la diferencia entre el TRV inhibido y el desinhibido solo se hace evidente a medida que pasa el tiempo.
  3. Busca comportamientos que indiquen agresividad y falta de control. Tales comportamientos pueden confundirse con el TDA (trastorno por déficit de atención). Sin embargo, el TRV también presentará los siguientes síntomas:
    • Necesidad compulsiva por mentir y robar
    • Gusto indiscriminado por involucrarse con extraños y comportamientos sexuales peligrosos e inapropiados.
      • Es importante notar que no son problemas conductuales como podrían parecer, sino el resultado de un desarrollo cerebral inadecuado producto del abandono y del abuso que sufrieron durante los primeros meses y años de sus vidas.
  4. Observa su rendimiento en la escuela. Cuando la primera etapa del establecimiento del vínculo no se logra, entonces el cerebro, en vez enfocarse en los aspectos intelectuales del crecimiento, comienza a concentrarse en el desarrollo de habilidades y estrategias de sobrevivencia. Esto nos explica por qué se desempeñan mal en sus estudios. El cerebro fracasa en la tarea que podría asegurar su desarrollo perfecto en todos los aspectos. Al igual que el cerebro, el aprendizaje también resulta afectado.
    • Este desarrollo cerebral lento explica por qué un niño con TRV muestra comportamientos agresivos, manipuladores, mitómanos, controladores y retraídos. Esta es la razón por la cual son tan agresivos y tan malos en el control de la ira. Recurren a comportamientos destructivos y ni siquiera muestran remordimiento porque no son conscientes de lo que hacen.
  5. Observa la forma en que hace amigos. A medida que el niño crece, desarrolla un sentido agudo de indiferencia y abandono y también pierde toda la capacidad de confiar en sí mismo y en los demás. Esto contribuye al fracaso a la hora de hacer amigos y al construir relaciones duraderas. Los sentimientos de insuficiencia (indeseado, indigno de ser amado y cuidado), que comenzaron en el momento en que sus necesidades físicas y emocionales fueron ignoradas, continúan creciendo y devorando su autoestima. Este es un extenso círculo vicioso que al parecer es incapaz de detener.
    • Dado que su autoestima está por los suelos, no ve por qué alguien querría ser su amigo y se comporta como si no necesitara a nadie. Este tipo de comportamiento evita que las personas se hagan sus amigos. Para llenar el vacío, la soledad y la depresión, y como forma de calmarse, a menudo recurre a las drogas y al alcohol.
  6. Nota lo agresivos que son. Estos niños son muy controladores, ya sea ejerciendo presión, siendo manipuladores o agresivos. Sus cerebros están ocupados en el desarrollo de tácticas y estrategias de sobrevivencia, por lo tanto, pierden la capacidad de aprender cómo tratar a los demás de manera positiva y de entablar interacciones positivas para conseguir lo que quieren.
    • El niño no confía en los demás ni en sus intenciones y como piensa que no harán lo que él espera, cree que el mejor modo de conseguir lo que quiere de los demás es mediante manipulación, agresividad y un poco de presión. No está familiarizado con el refuerzo y el comportamiento positivos.
  7. Observa el control que tiene sobre sus impulsos. El niño mostrará tendencias de trastorno por déficit de atención (TDA), lo que indica un bajo control de los impulsos. No dudará en hacer cosas que, normalmente, los demás niños no harían (o que al menos pensarían bien antes de hacer) y ni siquiera se pondrá a pensar en el impacto ni en las implicaciones que su accionar tendrá en él y en los demás.
    • Toma nota de sus comportamientos inapropiados y sexualmente peligrosos. Los niños con TRV a veces muestran comportamientos promiscuos. Demuestran una enorme afinidad y se involucran sexualmente con completos extraños, a veces con varias personas al mismo tiempo.
  8. Presta atención a su incapacidad de hacer contacto visual. Un niño normal comienza a sobresalir en la realización del contacto visual desde los primeros días de su vida. Lo aprende de su madre o de su cuidador, que ha estado allí para mirarlo fijamente a los ojos mostrando mucho afecto y cariño. Ya que no había nadie para cuidarlo como se debía, no comprende lo que significa mantener el contacto visual y mostrará mucha incomodidad y sentirá que tal experiencia lo estimula en exceso.
    • Todo esto se entrelaza con su falta de habilidades sociales y su deseo de no desarrollar relaciones cercanas. Todo, desde sus pensamientos y palabras hasta sus pequeñas costumbres involuntarias, le indica que, en su mundo, no se puede confiar en las personas.

Comprensión del trastorno y pasos a seguir

  1. Entiende qué es el TRV por su definición. El trastorno reactivo de la vinculación se da en infantes y en niños. Se caracteriza por anormalidades persistentes y en desarrollo en las relaciones sociales del niño que están asociadas con perturbaciones emocionales y cambios en las circunstancias del entorno. Los niños con este trastorno no muestran las respuestas infantiles típicas ante ciertos estímulos. Por ejemplo:
    • A menudo responden a los cuidados con temor y con vigilancia excesiva.
    • Con frecuencia, pueden demostrar interés en las interacciones con sus iguales, pero las respuestas emocionalmente negativas les impiden cualquier forma de vinculación social.
    • La perturbación emocional puede hacerse evidente con la falta de respuesta emocional, con reacciones de retraimiento o con agresividad cuando se experimentan o se presencian situaciones negativas.
    • Una forma extrema de reticencia a aceptar o dar confort o afecto, en especial cuando se siente angustiado, o intentos excesivos e indiscriminados de recibir afecto y confort de parte de cualquier adulto, incluso de extraños.
  2. Descarta los trastornos generalizados del desarrollo. Como el trastorno reactivo de la vinculación es una respuesta a un ambiente de crianza inadecuado, el niño, por lo general, cuenta con una capacidad normal para demostrar reacciones sociales apropiadas mientras que el que sufre de trastornos generalizados del desarrollo no cuenta con dicha capacidad.
    • Mientras que los patrones anormales de reacción social son una característica principal del trastorno reactivo de la vinculación, estos síntomas desaparecen con el tiempo si se le procura al niño un ambiente donde le den cuidados apropiados y constantes.
    • Los niños con el trastorno reactivo de la vinculación pueden presentar un desarrollo anormal del lenguaje; sin embargo, esto no quiere decir que muestren características de comunicación anormal, como se observa en el autismo.
    • Los niños con trastorno reactivo de la vinculación responden a los cambios del entorno y los síntomas NO se deben a defectos cognitivos persistentes y severos. En el trastorno reactivo de la vinculación no existen patrones persistentes repetitivos y estereotipados de comportamientos, actividades o intereses (como se da en los casos de autismo).
  3. Conoce la historia de las experiencias del niño respecto a las reacciones del cuidador. Para diagnosticar trastorno reactivo de la vinculación, no es necesario contar con un conocimiento cabal de las reacciones que recibió el niño de su cuidador durante su desarrollo, pero sí se recomienda que el profesional de la salud elabore conclusiones recibido información.
    • El trastorno reactivo de la vinculación casi siempre surge como respuesta al cuidado infantil en extremo inadecuado. Puede darse debido a una o cualquier combinación de los siguientes factores como características en desarrollo de las experiencias del niño respecto a su crianza.
      • Separación abrupta de los cuidadores a menudo entre los seis meses y los tres años.
      • Cambio frecuente de cuidadores.
      • Carencia de respuesta del cuidador a los esfuerzos de comunicación del niño.
      • Formas severas de abandono y abuso.
      • Paternidad sumamente incompetente.
      • Descuido constante de las necesidades físicas básicas del niño.
  4. Conoce cuáles son los entornos que podrían causar TRV. Es verdad que los niños son, por lo general, resistentes a los cambios del entorno y de las condiciones. Son muy adaptables y flexibles y dan lo mejor de sí para acostumbrarse a las condiciones y situaciones presentes. Sin embargo, las siguientes situaciones podrían dar lugar al TRV:
    • Si el niño ha vivido, durante un periodo considerable, en un orfanato o en un hogar de crianza.
    • Si el niño ha crecido en un hogar gobernado por rigurosidades, reglas y principios increíblemente estrictos.
    • Si el niño ha crecido lejos de los padres y de los seres queridos (en hospedajes y en internados escolares).
    • Si los padres estuvieron demasiado ocupados como para cuidar al niño y este tuvo que estar al cuidado de supuestas niñeras.
    • Si el niño vivió o creció o pasó un tiempo considerable bajo el cuidado de una niñera que fue su cuidadora principal y con quien formó un gran vínculo, pero luego fue separado de ella debido a distintas razones.
    • Si el niño presenció muchas peleas y discusiones entre sus padres
    • Si los padres tenían problemas como control de la ira, estrés, depresión, alcoholismo, drogadicción y cualquier otro trastorno de la personalidad
    • Si en casa hubo abuso físico, sexual o psicológico
      • Nuevamente, todas son situaciones hipotéticas. No se puede afirmar con certeza que un niño que haya atravesado por estas circunstancias vaya a desarrollar un TRV.
  5. Ten conocimiento de lo que debes hacer si crees que un niño sufre de TRV. Recuerda que aunque conocer el historial de crianza de un niño es importante para ayudar en el diagnóstico, solo por el simple hecho de que haya experimentado cualquier combinación de los factores antes mencionados no quiere decir que van a sufrir de trastorno reactivo de la vinculación. Si el niño también presenta cualquiera de los síntomas antes mencionados, no necesariamente significa que tenga el trastorno.
    • Trata de no apresurarte en sacar conclusiones. Lo mejor sería que, si estás preocupado, llevaras al niño al médico, al profesional de la salud mental del niño y del adolescente o al pediatra, pues te pueden dar una mejor información en su calidad de expertos. El niño puede comenzar con una terapia y pronto lograría desarrollar comportamientos saludables y adaptables.

Consejos

  • El TRV a menudo se desarrolla en niños menores de 5 años y puede continuar hasta la adolescencia y la adultez.
  • Para que quede constancia, los síntomas y comportamientos del TRV comparten similitudes con otros trastornos que atañen específicamente a los niños: el autismo, el TDA, los trastornos por ansiedad, la fobia social y el trastorno por estrés postraumático. Debes estar completamente seguro antes de realizar cualquier diagnóstico.
Información
Usuarios que están en este grupo no pueden dejar comentarios en la página